FE, ESCUELAS Y RIVALIDADES
Padre Pedrojosé Ynaraja
Diferencias en el seno de la Iglesia, han existido y existirán siempre. La misma
escritura nos habla sin rubor de ellas. Que los de cultura griega tuvieran
idiosincrasia diferente a la de los de tradición hebrea, fue el motivo de la aparición
de los diáconos y resultó un “invento” maravilloso. En otro nivel, las diferencias
fueron evidentes entre Pedro y Pablo y, pocas generaciones después, Antioquía,
Alejandría, Constantinopla y Jerusalén, se disputaban el liderazgo teológico, en
medio de disputas. No nos debe extrañar, pues, que hoy también existan, pero no
por ello lanzarse dardos de exclusión, como a veces ocurre.
Lee uno publicaciones en papel o cibernéticas, y todo es tratar de suprimir al que
no piensa como el autor o condenar al poder jerárquico, por suponerlo el causante
de todos los males. Otra tendencia perniciosa es extrapolar la minúscula
experiencia personal a todo el orbe, sin respetar diferencias circunstanciales
(recuérdese a Ortega). Nacen en la Iglesia asociaciones, movimientos y caminos.
Generalmente se extienden a su alrededor y son conocidas e influyentes en su
entorno. Viaja uno y descubre que en el sitio a donde llega, nadie está enterado de
lo que se cuece en su tierra. Otro aspecto curioso son las estadísticas numéricas de
momentos culminantes, declaraciones de santidad o recepciones pontificias. ¡A ver
quien consigue un record! Lo único fundamental y duradero es Jesucristo, no el
fundador, cosa que parece olvidarse a veces.
Ante tales exageraciones, empieza a manifestarse una actitud que creo es
genuinamente cristiana: la de aquellos que no se afilian a organizaciones,
organizadas de organismos y se declaran simples cristianos de parroquia. Se había
llegado a algo semejante a aquellas campañas de detergentes, que uno lavaba
blanco, otro blanquísimo y el otro decía que premiaría a quien fuera capaz de
encontrar algo mejor. Con estas rivalidades, uno se siente incómodo en la Iglesia. Y
es difícil rezar o evangelizar, si se está de mal humor.
Leo el título de un homenaje tributado a tres eminentes personas, muertas no hace
demasiado tiempo. Dice así: “demostraron que se puede ser libre en una institución
sin libertad”. Como boutade me parece bien, pero me temo que el lector superficial,
no se dé cuenta de que es un rejón que pretende clavarse con saña y disminuir el
valor y valer de nuestra Iglesia. Me gusta advertir, que en la listas de carismas que
aparecen en la Escritura, el de gobierno ocupa el sexto lugar. Delante va el de
apostolado, profecía, magisterio …(1Cor 12,28). Evidentemente que la autoridad,
máxime si se la puede tachar de absolutista, atrae a los medios. Pero cuando
leemos o escuchamos algo hoy en día, de lo único que podemos estar seguros, es
de que lo hemos leído o escuchado.
Ofrezco mi testimonio. Tenía yo 26 años, cuando me facturaron a un cierto lugar,
aislado de cualquier núcleo urbano, y con la única ocupación de celebrar misa de
mañana y rezar el rosario al atardecer. Un tal programa parecía decepcionante y
que la autoridad que allí me envió, iba a anular mi vocación. Dios está por encima
de las estructuras y los 38 años pasados en la Llobeta, han sido enormemente
enriquecedores para el Reino. Le dije sinceramente a Dios que yo no me lo había
buscado. Que Él, según sinceramente pensaba, me había llamado al servicio
cristiano de la juventud y que se las apañara Él. Ilumino la situación una frase de S.
Francisco de Sales: donde Dios nos plantó, es preciso saber florecer. Fue imperativo
de mi conciencia. Ni me elevé en escalafón alguno, ni recibí premios, ni títulos. No
disponía de vehículo propio, ni apenas dinero. Me siento satisfecho de la labor que
me encargó el Señor y a la que le fui fiel.
Mientras tanto, se discutía de capitalismo y socialismo cristiano. De engagement y
aggiornamento. De sotana, clergyman o ir de paisano. Por ninguna de estas
cuestiones estaría dispuesto de derramar ni una gotita de sangre. Me he interesado
por Cristo crucificado, escándalo para unos, necedad para otros (1Cor 1,23). Me
siento feliz y nunca oprimido por la jerarquía (cuando se ha tratado de chusqueros,
ha sido diferente, pero duran poco y pinchan menos).
Padre Pedrojosé Ynaraja