¿Sócrates está sentado?
P. Fernando Pascual
5-5-2012
Conocer a Sócrates, ¿permite saber si ahora está sentado o si se fue a discutir a la plaza con sus
amigos?
La pregunta parece extraña, pero encierra un problema serio: ¿hasta qué punto conocemos a
alguien? ¿Basta con tener ciertas ideas sobre su historia personal y sus características físicas y
psíquicas para llegar a saber con certeza lo que hace en cada momento, si ahora estará sentado o de
paseo?
El camino hacia la respuesta se construye en diversos niveles.
Empecemos por el nivel físico. Sócrates puede hacer algo si tiene unas condiciones aceptables de
salud, si cuenta con integridad física, si no está encerrado en una cárcel. Además, incluso quien está
sano sabe que no puede realizar muchos actos concretos, como por ejemplo volar moviendo los
brazos como los gorriones mueven sus alas.
El nivel físico permite la construcción de un nivel diferente, para muchos superior, que es el
psicológico-espiritual. No entramos a discutir sobre las diferencias y compenetraciones entre lo
psíquico y lo espiritual. Simplemente unificamos, de un modo coloquial, aquellos fenómenos que
tienen su origen en la capacidad de pensar y de escoger que pertenece a la mayoría de los seres
humanos.
Sócrates estará ahora sentado si cuenta con salud, si tiene piernas sanas, si encuentra una superficie
(silla, hueco en la pared) adecuada para sentarse, y si decide hacerlo por algún motivo más o menos
explicable.
El que Sócrates decida sentarse depende, si no hay impedimentos, en buena parte de su voluntad: si
quiere, se sentará. Si no quiere, seguramente seguirá de pie o preferirá seguir acostado para
descansar un poco más de tiempo.
Las opciones, a su vez, dependen de las motivaciones y de los proyectos de cada uno. Escoger un
lugar u otro, una posición u otra, es posible no sólo porque contamos con una voluntad libre, sino
porque entendemos lo suficiente para optar por una cosa y dejar de lado otra.
Desde luego, existen más dimensiones que tienen su importancia a la hora de sentarse o de
levantarse. Una se refiere a los sentimientos. Otra a las relaciones sociales, a la presencia de
personas a nuestro alrededor.
Los sentimientos juegan su papel, pero no tienen la última palabra en las decisiones, al menos si
existe un aceptable nivel de salud mental. Muchas veces el miedo a peligros (reales o imaginarios)
limitan la propia voluntad. Pero si no hay de por medio una enfermedad grave, somos capaces de
salir de casa para visitar a un amigo aunque las noticias nos repitan una y otra vez que han
aumentado los robos callejeros.
Otras veces son los demás quienes ejercen una presión, más o menos intensa, sobre nuestras
decisiones. Más de una vez hemos querido salir de una reunión pero nos ha paralizado la idea de
quedar mal o el reproche que luego nos hará esta persona.
Volvemos a la pregunta inicial: ¿está sentado Sócrates? Depende de su salud y de sus proyectos, de
sus deseos y de sus emociones, de sus amigos y de su tiempo. Si es una persona de costumbres
inamovibles, podremos estar casi seguros de que lo encontraremos a tal hora en tal sitio. Pero
incluso en ese caso, más de una vez nos sorprenderá su ausencia, quizá porque su hijo pequeño
necesitaba ir al médico, o porque Jantipa ha convencido a su marido para ir juntos de compras al
mercado...