E L D ON DE CIENCIA
«Oráculo de Balaam, hijo de Beor,
oráculo del varón clarividente.
Oráculo del que escucha los
dichos de Dios, del que conoce la
ciencia del Altísimo; del que ve lo
que le hace ver Sadday, del que
obtiene la respuesta, y se le abren
los ojos. (Núm 24, 15-16).
En el nº 6 de los llamados
“lineamenta” del próximo sínodo de los
obispos sobre la evangelización, se
puede leer: “… la ciencia y la tecnología
corren el riesgo de transformarse en los nuevos ídolos del presente. Es fácil en un
contexto digitalizado y globalizado hacer de la ciencia nuestra nueva religión. Nos
encontramos frente al surgir de nuevas formas de gnosis, que asumen la técnica como
una forma de sabiduría. Asistimos a una afirmación de nuevos cultos, en los que se
proponen en modo terapéutico prácticas religiosas que los hombres están dispuestos a
vivir, estructurándose como religiones de la prosperidad y de la gratificación
instantánea.”
La verdadera ciencia valora la realidad temporal desde la perspectiva
trascendente. ¡Qué distinto es iluminar los acontecimientos con visión horizontal, la que
concede la sabiduría de este mundo, a hacerlo con la luz del conocimiento teologal, que
está más allá de los límites naturales!
Con frecuencia abordo los problemas desde las capacidades normales, desde el
esfuerzo y la técnica. En demasiadas ocasiones acuden a mí los criterios sociales,
psicológicos, que dicta el subjetivismo, por los que se intenta justificar el
comportamiento humano.
Espíritu Santo, que actúe con los recursos humanos que tú nos regalas, desde la
perspectiva de tu don, y no desde la emancipación y autonomía de mis destrezas, ni
desde el desencanto por mis incapacidades.
Cómo resuenan las palabras de Benedicto XVI: “El cristianismo tiene mucho que
ofrecer en el ámbito práctico y moral, pues el Evangelio nunca deja de inspirar a hombres y
mujeres a ponerse al servicio de sus hermanos y hermanas. Pocos podrían negarlo. Sin
embargo, quienes fijan la mirada en Jesús de Nazaret con ojos de fe saben que Dios ofrece
una realidad más profunda y, sin embargo, inseparable de la "economía" de la caridad
operante en este mundo (cf. Caritas in veritate , 2): él ofrece la salvación ”. (…) “El Evangelio
no es una ideología, no pretende bloquear dentro de esquemas rígidos las realidades
sociopolíticas que evolucionan. Más bien, trasciende las vicisitudes de este mundo y arroja
nueva luz sobre la dignidad de la persona humana en cada época. (Discurso en el encuentro
ecuménico, en Praga, 27 de septiembre, 2009) .
Ven, Espíritu Santo, concédeme el Don de Ciencia para que sepa emplear mis
facultades y leer la realidad y su potencialidad en tu clave.