E L D ON DE T EMOR DE D IOS
“Cuando habían remado unos
veinticinco o treinta estadios, ven
a Jesús que caminaba sobre el mar
y se acercaba a la barca, y tuvieron
miedo. Pero él les dijo: «Soy yo.
No temáis».” (Jn 6, 19-20)
¿De qué temor se trata cuando
pedimos el don del temor de Dios, si
Jesús de manera reiterada les dice a los
suyos “No temáis”, “No tengáis miedo”,
“Que no se acobarde vuestro corazón”?
Si hay alguna recomendación del Maestro a los discípulos es la de mantener la
confianza. “No temáis, pues; vosotros valéis más que muchos pajarillos.” (Mt 10, 31).
«¡Animo!, que soy yo; no temáis». (Mt 14, 27). «No temáis. Id, avisad a mis hermanos
que vayan a Galilea; allí me verán» (Mt 28, 10).
El don del Espíritu Santo del Temor de Dios, es el de permanecer siempre
humildes. Lo contrario a este don es ser pretencioso, abusar de la gracia, creer que se
tienen por mérito propio las capacidades recibidas, caminar con ostentación y
engreimiento.
¡Cómo necesito de este don, Santo Espíritu! Si es importante no perecer en la
caída, no derrumbarse en la fragilidad, no resistirse a la gracia, aún parece mayor la
necesidad de no adueñarse de lo que es regalo, de lo que es dádiva para provecho de los
demás.
“… nadie puede decir: «¡Jesús es Señor!» sino con el Espíritu Santo.
Hay diversidad de carismas, pero el Espíritu es el mismo; diversidad de
ministerios, pero el Señor es el mismo; diversidad de operaciones, pero es el
mismo Dios que obra en todos. A cada cual se le otorga la manifestación del
Espíritu para provecho común…” (1 Co 12, 3-7)
Ven, Espíritu Santo, concédeme el Don de Temor de Dios, que nunca me
aproveche de tu gracia para ostentar lo que no es mío. Acompáñame siempre en la
conciencia y en caso de ser mediación favorable para los demás, que reconozca tus
dones. Y si por fragilidad caigo en egoísmo, que me abra siempre al ofrecimiento de la
misericordia divina.
Espíritu Santo, sálvame del orgullo de estar solo, y sálvame de pensar que no
tengo remedio. Sé Tú siempre la referencia en mis actos.