Gota a gota, el agua perfora la roca
Autor: Salvador Casadevall
Entre los judíos, las palabras que se pronuncian en los brindis siempre son las
mismas:” Le chaim!” o “L´chaim!” que viene a significar: “¡A la vida!” o “¡Por la
vida!” Eso es lo que debe brotar de nuestro corazón: celebrar la vida, defenderla
celebrándola y reclamando su protección en toda circunstancia.
A veces los ejemplos y analogías nos ayudan a ver claro. Hablemos de nuestro
vecino Plutón. Podemos "legislar", con una amplia o escuálida mayoría de votos de
astrónomos, que el bueno de Plutón no es un planeta (ya lo hemos hecho).
Podemos "decidir" en un parlamento mundial que Plutón es plano, como la Tierra
era considerada hace siglos. Podemos "decidir" que es un asteroide, un meteorito
desmesurado o un pro-planeta que oposita a recuperar su status. Pero lo que no
puede hacer ningún parlamento es mover a Plutón de su órbita, ni modificar su
tamaño.
Así sucede con la vida. La vida humana "es" tal desde la concepción, aunque se
legisle lo contrario. Las opiniones son libres, dice el adagio periodístico, pero los
hechos son "sagrados". .
Curiosa es nuestra sociedad occidental, anémica de valores, y sobresaturada de
intereses creados y cepos ideológicos y económicos, está viendo cómo nuestros
hijos están siendo devorados.......... ahora legalmente.
Si para conocer a Plutón los astrónomos “legisladores” deberían haber viajado hasta
él, para conocer el don de la vida hay que viajar hasta él, hay que dejar atrás la ley
de la gravedad ideológica y económica, y atreverse a mirar a los ojos a un niño
antes de nacer. Hoy es posible. Esos ojos, cerrados o abiertos, harán llegar la
verdad de la vida humana al corazón del legislador y al corazón de la sociedad, más
que cualquier comisión de expertos. A la pequeña mano de Samuel Armas,
agarrando el dedo del doctor Bruner cuando le intervino de espina bífida a las 21
semanas de gestación, no se le puede responder con estadísticas o folios
timbrados. A su “abrazo” de dedos sólo cabe una respuesta: Otro abrazo, cada cual
en su ámbito, el doctor Bruner salvándole la vida, y el parlamento, legislando con
sentido común y celebrando la vida.
El lenguaje muchas veces esconde una sutil trampa para la verdad. Incluso los que
defendemos el derecho primario a la vida desde la concepción no nos hemos dado
cuenta de que al saber que un matrimonio allegado espera un hijo les decimos:
¡Enhorabuena, vais a ser padres! Cuando deberíamos decirles: ¡Enhorabuena, sois
padres!
Pero la misma sutileza del lenguaje esconde esa verdad interior que nos sale al
paso al mirarnos al espejo (ante el espejo nadie se engaña). Porque no he
escuchado a nadie - ya sea promotor del aborto como contrario al mismo- decir a
un matrimonio que ha tenido un aborto natural: "Habéis perdido un feto", sino
"habéis perdido un hijo".
Repito, hay esperanza. Seamos como la gota de agua sobre la "cabeza" de la
opinión pública. Nuestra fuerza es la perseverancia. Gota a gota, si el gota a gota
llega a perforar una roca, con la ayuda de Dios, abriremos no la cabeza sino el
corazón de la sociedad.
Orando y perseverando gota a gota mantendremos la esperanza que un día la
sociedad toda defenderá la vida desde la misma panza.
¡Vence el mal con el bien!