Dialogo inter -religioso
Ángel Gutiérrez Sanz ( Catedrático de Filosofía. Autor del libro LAICISMO Y NUEVA
RELIGIOSIDAD , recientemente publicado)
El pasado 28 de junio se celebraba en el lienzo Norte de Ávila un debate, teniendo
como telón de fondo el humanismo del siglo XXI se trataba de un cara a cara
entre dos interlocutores de tendencias contrapuestas, Mons. Cañizares y el Ex -
presidente del Gobierno español Sr. Rogriguez Zapatero. En el trascurso del mismo
hubo acuerdos y desacuerdos, sin que la sangre llegara al río. Todo muy cordial.
Por boca de Mons. Cañizares se pudo escuchar lo que hemos oido tantas veces,
que la ausencia de valores y el relativismo moral esta en el origen de la crisis de
humanismo que padecemos. Para Zapatero se trataría más bien de crisis
económica y de la amenaza de dogmatismo. El Arzobispo pide principios, Zapatero
libertad y tolerancia. En lo que ámbos estuvieron muy de acuerdo fue en la
necesidad del dialogo interreligioso.
Con anterioridad , allá por de Enero del 2004. dos gigantes del pensamiento el
Cardenal Joseph Ratzinger –ahora Benedicto XVI- y el filósofo de Jürgen Habermas,
protagonizaban un histórico encuentro en la Academia, Católica de Munich, para
debatir sobre estos mismos temas de humanismo. Nadie convenció a nadie, es
verdad; Benedicto XVI siguió firme en sus convicciones y el filósofo de la Escuela de
Frankfurt sigue “sin oído para la Religión” aún así el hecho de haber podido
disentir libremente en una atmósfera de cordialidad ponía de manifiesto que la
iglesia está capacitada para mantenerse a flote en los procelosos mares de una
cultura tan secularizada como la nuestra.
Yo también estoy de acuerdo con que entre creyentes y el laicistas exista un
dialogo que permita a ambos conocerse mejor y así poder ir erradicando tantos
prejuicios que en forma de crítica corrosiva se vienen profiriendo al cristianismo por
parte de los laicistas.
Hace ya algún tiempo que Augusto Comte pronunciara aquella famosa sentencia
de que “sólo el método científico nos proporciona la verdad del mundo” sobre esta
base de rancio sabor positivista se ha ido construyendo una cosmovisión
materialista ajustada a las aspiraciones inmanentistas, en pugna con toda visión
trascendente de la vida, de la que se viene alimentando un laicismo miope que no
deja de arremeter contra la religión. La racionalidad lo es todo y la fe ya no tiene
cabida en nuestro mundo. El sentimiento religioso no pasa de ser la expresión
anacrónica de un conocimiento precientífico que nos retrotrae a sociedades
primitivas , un subproducto de culturas poco desarrolladas que no resiste ya por
más tiempo las críticas de la razón y que se aleja de las exigencias de un mundo
supercivilizado Yo he podido asistir a algún discurso laicista en el que se presentaba
a la fe religiosa como una antigualla, una especie de falacia para ingenuos,
equiparable al mito, pura fantasía que ya no tiene cabida en un mundo tecnificado
y cienticista. Llegado es el momento, se dice, de agradecer a la religión los servicios
prestados y disponernos a vivir una época posrreligiosa, sin recuerdos nostálgicos,
que para lo único que servirían ya es para obstaculizar el proceso de la
razón.¿Será esto verdad?
A través del pasado lo que podemos constatar es que, dentro del cristianismo, fe y
razón han caminado siempre juntas. Desde tiempos de S. Agustín los teólogos se
han venido manteniendo fieles a la consigna credo ut intellegam, intellego ut
credam ( Creo para que pueda entender entiendo para que pueda creer) o aquella
otra que se viene repitiendo desde S. Anselmo ”Fides quaerens intellectum” (la fe
queda iluminada por la inteligencia). En el seno del catolicismo nunca han caminado
por separado la razón y la fe, sencillamente porque que Dios es autor de ambas y
no va a contradecirse así mismo. Este es un hecho histórico irrefutable, como lo es
también que la fe católica ha sido la inspiradora de genios incomparables, artistas,
músicos, poetas, pensadotes, científicos , filósofos, nadie en su sano juicio puede
negar esta evidencia.. En general nuestra rica y exuberante cultura europea ha
tenido como nodriza al cristianismo. Hechos como el de Galileo y otros errores
puntuales cometidos en el entorno del cristianismo, está siendo utilizados
hábilmente por la crítica laicista; pero ello no debiera ser motivo suficiente para
ensombrecer la ingente labor llevada a cabo por el pensamiento cristianismo a
favor de la cultura, si tuviéramos que poner en un platillo todas sus aportaciones
positivas y en el otro las negativas, es seguro de que lado se inclinaría balanza. .
Como tantas veces se ha dicho: poco quedaría de nuestra cultura occidental si la
desvinculáramos de sus raíces religiosas y cristianas
Sin duda el catolicismo ha sido y sigue siendo una religión ilustrada que
actualmente está siendo avalada por la ciencias, la historia y la arqueología.
Ciertamente el catolicismo, no es retrógrado sino que está como no podía ser de
otra forma, a favor del progreso , el desarrollo y los avances científicos, a lo que sí
se opone, entiéndase bien, es al mal uso que de los nuevos técnicas e inventos
puedan hacerse, pues no todo lo que está al alcance de la ciencia y la técnica es
lícito. Tampoco es identificable cultura con laicismo, pues no siempre ambos van en
la misma dirección. Está por demostrar que los no creyentes sean más cultos que
los creyentes.
Lo que si parece suficientemente demostrado es que los libre pensadores de
siempre han tenido la propensión de sentirse seres incontaminados liberados de
prejuicios, al margen de opresión religiosas o dependencias dogmáticas . En su
versión más radicalizada profesan el pensamiento único, alimentado por una razón
laica excluyente que tratan de imponer a los demás, con la excusa de liberarles de
un fanatismo obscurantista y perturbador. Su culto a la razón les hace refractarios
a otros tipos de conocimiento. Todo con la razón , nada sin la razón. Lo racional
vale, lo demás carece de sentido. No quieren pactos lo que buscan es la destrucción
de la religión en nombre de la verdad.
Pues bien, sin negar los valores inherentes a la racionalidad, es obligado decir que
una razón secular más humilde y menos arrogante resultaría más atractiva. El
primero en mostrase autocrítico con la actitudes laicistas tan radicalizadas ha sido
Habermas quien al igual que lo hiciera en su tiempo Ortega y Gasset ven en ello un
claro signo de totalitarismo. Y es que la razón humana tiene sus límites que es
preciso reconocer. La vida humana está llena de misterios impenetrables para el
humano conocimiento. Existe lo sublime , lo inefable, lo supra -racional, existe el
mundo religioso que como bien dice Wittgenstein sólo es expresable con un
lenguaje místico. ¿Por qué la cultura ha de quedar circunscrita simplemente al
conocimiento científico cuantificable, experimentalmente verificable?; cultura es
también todo lo que corresponde al amplio complejo de manifestaciones humanas
entre las que se encuentra el sentimiento religioso. No verlo así supondría
desvirtuar el significado profundo de la cultura o de la religión.
Es verdad que a fe religiosa por ser la expresión del misterio sagrado alberga en su
seno la paradoja y el escándalo. En todos los tiempos la religiosidad ha estado
condenada a medirse con la cultura de su tiempo; a veces ello ha sido fácil, en
otras no tanto. En nuestro tiempo ello resulta especialmente complicado, a pesar de
todo la Iglesia no tiene ningún complejo en entablar dialogo con la cultura laica . En
el fondo se trata de un problema de confrontación dimensional, un drama que
siempre ha estado latente a lo largo de la historia, lo que hace que la fe religiosa
se encuentre en permanente estado agónico de lucha, que la obliga a constantes
adaptaciones y cambios, aunque eso sí, manteniéndose fiel a sus esencias. El
posicionamiento religioso nunca es definitivo, nunca se puede hablar de
triunfalismos, nunca se puede descansar tranquilos inmersos en formalismos
prestablecidos e inmovilistas, porque la religiosidad ha de ser vivida en y desde la
temporalidad con todas las limitaciones y tensiones que implica querer vivir a nivel
de la tierra las realidades que están por encima. Ésta es la gran paradoja de la fe,
por ello a los ojos del mundo, la religiosidad ha sido, en muchas ocasiones, motivo
de escándalo y ha de seguir siéndolo. La paradoja de armonizar lo inmutable con lo
mutable, la paradoja de vivir en el tiempo presente una esperanza de vida nueva.
Nada librará al creyente de involucrarse en la trama humana. No ha habido nunca
un hombre tan espiritual que no haya sabido de las zozobras de la vida, de
tensiones y dudas espirituales, que no haya tenido que asumir los riesgos de ser
sujeto religioso inmerso en los vaivenes de la de la historia; pero lo mismo cabría
decir en sentido inverso de los que no son creyentes.
La postura del ateo tampoco es una postura cómoda, no lo fue para Andre Gide
porque para ser ateo hay que abstenerse de mirar a la naturaleza, cerrar los ojos
para no sentir la necesidad de interpretar lo que tenemos delante. No, no es fácil
ser ateo; lo dicen ellos mismos. La negación de la existencia de Dios declaraba J. P.
Sartre es una tarea larga y difícil que tiene que empezar cada día. Para Simonne de
Beauvoir dejar morir a Dios es precipitarse en los abismos de la nada. Así lo
reconoce también Jean Rostand “ He dicho que no a Dios …pero en cada momento
la cuestión vuelve a presentarse… no es un ateismo sereno, ni jubiloso ni contento”,
hasta el mismo Nietzsche que tantas veces renegó del dios cruel y verdugo, en
algún momento de su vida no puede contener los latidos de su corazón y se dirige a
Él para decirle en tono de plegaria “todos los arroyos de mis lágrimas corren hacia
Ti y la última llama de mi corazón para ti se abre ardiente”
Los católicos se sienten obligados a reconocer los valores del pensamiento secular,
claro que sí; pero al mismo tiempo piden un reconocimiento de los valores
religiosos Consideran razonable que se tome en consideración su propuesta de que
Dios necesariamente ha de representar el punto más alto de las posibilidades
humanas, que permite al hombre adentrarse en el reino de la numinosidad. Piensan
fundadamente que escamotear al hombre la creencia religiosa es privarle de algo
que en esencia le pertenece, que cerrarse a la llamada sobrenatural es cerrarse a la
fundamentalidad de la vocación humana. La visión de un mundo desacralizado
puede que sea uno de los espectáculo más dolorosos para el hombre religioso
incluso para quien no lo es. “ No concibo, llegó a decir Ortega y Gasset, que ningún
hombre pueda renunciar sin dolor al mundo de lo religioso. A mi, al menos,
continua diciendo, me produce un enorme pesar sentirme excluido de la
participación de este mundo”
El dialogo debiera servir también para constatar que los creyentes no son tan
intolerantes como a veces se quiere hacer ver. Hasta ahora se nos ha hecho creer
que el dogmatismo está de parte de la religión y el neutralismo de parte del
laicismo; pero si atendemos a los hecho vemos que esto no es así. La
aconfesionalidad ligada a la inocencia política, en la práctica, no existe, lo que
sucede hoy es que el celo laicista por hacer olvidar a Dios, es bastante más
intolerante que el celo del creyente por hacerle presente. Los católicos de hoy se
conforman con bien poco, basta con que no se les excluya del espacio social y
político, que se les permita intervenir en el diálogo abierto sobre cultura , familia,
educación y moralidad, tienen suficiente con que se respete su libertad religiosa y
se les trate como ellos tratan a los demás. No exigen privilegios; pero tampoco
están por las injustas discriminaciones. Esperemos que el dialogo nos ayude a ser
más comprensivos a todos.