I NVOCACIÓN AL S EÑOR S ANTIAGO
Amigos de Buenafuente, 24 de agosto de 2012
Señor Santiago, los amigos del Monasterio Cisterciense de la Madre de Dios, de
Buenafuente del Sistal, de la Provincia de Guadalajara, procedentes de distintos lugares de
España, unidos por la fe e impulsados por la atracción que desde hace veinte años sentimos
por tu casa, meta de peregrinos, lugar franco donde se lucra el perdón, se vive la
universalidad, se gusta la tierra hospitalaria, se consolida la relación amiga con los que se
coincide en el camino, se percibe el misterio de lo sagrado y la cercanía de Dios, acudimos
menesterosos con nuestra invocación, que deseamos elevar en nombre de tantos que querrían
tener el privilegio de expresar aquí sus sentimientos.
Desde 1993, cada año recorremos a pie algunas etapas de los diversos caminos que
conducen hasta tu sepulcro. Este año las hemos hecho por el Camino de la Costa, por las
tierras cántabras. Hemos gozado del paisaje, hemos rezado con las comunidades
contemplativas y sentido una vez más la sabiduría de la peregrinación.
En unos momentos tan recios como los que estamos viviendo en España, la experiencia
de la peregrinación ilumina y ofrece claves para superar lo que parece imposible. Así como en
momentos de fatiga, si se vence el pensamiento que se obstina en lo negativo hasta producir
la sensación de agotamiento, se logra llegar a la meta, del mismo modo, en circunstancias
adversas, si no se cae en el error de adelantar calamidades, sino que se vive cada día con los
ojos puestos en Jesucristo, como tú hiciste, apóstol del Señor, se recupera la fuerza y el
sentido para culminar la andadura.
La peregrinación regala la sabiduría de vivir con lo necesario. La austeridad, el respeto
a la naturaleza, la superación de todo consumismo destructor, conceden el gozo de la libertad
interior, afectiva y social. ¡Con qué poco se puede hacer el camino! Y ¡cuánta alegría se siente
en el corazón al percibir la libertad que da ofrecer bienes que se creen imprescindibles, y sin
embargo, se puede vivir sin ellos!
Te traemos la necesidad de los nuestros, de tantos amigos que nos encomiendan que los
recordemos ante ti. De manera especial te pedimos por los enfermos, los que viven
situaciones de extrema precariedad en el trabajo, y por las familias. Deseamos dar voz a tantos
que no tienen posibilidad de exponer su necesidad ante tu imagen receptiva, de ojos grandes,
como si quisieras que todos encuentren esperanza en tu mirada.
Estamos ya muy próximos al inicio del Año de la Fe, propuesto por el Papa Benedicto
XVI, quien al inicio de su carta apostólica afirma: “«La puerta de la fe» (cf. Hch 14, 27),
que introduce en la vida de comunión con Dios y permite la entrada en su Iglesia, está
siempre abierta para nosotros. Se cruza ese umbral cuando la Palabra de Dios se anuncia
y el corazón se deja plasmar por la gracia que transforma” (PF 1). En Compostela, estas
palabras nos traen a la memoria la Puerta Santa, que no es otra que Cristo. Apóstol
Santiago, intercede por todos nosotros para que renovemos nuestra adhesión a la
persona de Jesús, el Hijo de Dios, por el que tú diste la vida.
Por último, ¡que no falten nunca en la Iglesia testigos de Jesús, de aquellos que pasan
sus días en la contemplación del rostro transfigurado, del que tú, señor Santiago, fuiste testigo
privilegiado! Bendice a las comunidades contemplativas. Te pedimos por esta Diócesis
apostólica que lleva tu nombre, por su obispo Julián, por su presbiterio y por nuestro obispo
Atilano. Señor Santiago, implora ante el Salvador la bendición copiosa sobre todos los que
hoy hemos peregrinado hasta tu casa y participamos en esta Eucaristía. Amén.