A tu tiempo, Señor; no el mío
A tu tiempo, Señor; no el mío... pues quiero aprender a ser humilde y confiar en Ti,
en vez de pensar ingenuamente que solo yo puedo lograrlo.
A tu tiempo, Señor; no el mío… pues de tanto intentarlo, lo que antes era
perseverancia ya se ha convertido en obsesión y me cuesta trabajo olvidarlo.
A tu tiempo, Señor; no el mío… pues al esforzarme por alcanzarlo, mi alma se
encapricha con ese anhelado objetivo y no logra bien valorarlo
A tu tiempo, Señor; no el mío… pues, después de tanto pensarlo, concluí que lo
eterno está por encima de lo que es temporal, y eso debo aceptarlo.
A tu tiempo, Señor; no el mío… pues el fruto antes de poder cosecharlo necesita ser
semilla sembrada, brotar y también florecer para poder disfrutarlo.
A tu tiempo, Señor; no el mío… pues tu sabiduría al todo puede abarcarlo mientras
que mi conocimiento es miope y no puedo ni me conviene negarlo.
Por eso, a tu tiempo, Señor; no el mío…
Eduardo Orellana 8 Septiembre 2012