Первый снег (Pervyi sneg)
La “primera nieve”
La expresin “pervyi sneg” es en ruso una expresin hecha. Pronunciarla o escucharla hace
innecesario cualquier tipo de explicaciones. Es, al mismo tiempo, un fenómeno meteorológico, repetido
cada año y, en este sentido, trivial. Pero es también una verdadera institución rusa. La literatura, la
pintura, el cine, hasta los dibujos animados, la recogen, la recrean, hacen de ella poesía, sentimientos
de paz y de nostalgia.
De hecho, el día en que cae la primera nieve tiene un encanto y una magia especial. La
primera nieve no es el día en que caen los primeros copos, que blanquean levemente el paisaje para
desaparecer pronto. No, la “primera nieve” es una seora nevada y, en muchos sitios, como en Siberia
o en la Rusia interior, suele además ser definitiva: la nieve permanece ya hasta la primavera,
acumulando en estratos comprimidos, hasta hacer una capa de hielo dura como el granito, las sucesivas
nevadas de todo el invierno.
El encanto de este día no está exento de paradojas. Desde que estoy aquí no conozco a ningún
ruso que añore el invierno. Al contrario. Cuando empiezan a percibirse los primeros síntomas (mucho
antes de la primera nieve), suelen escucharse quejas y suspiros. No significa tanto que el invierno está
cerca, sino que el verano está lejos, muy lejos, pues el invierno dura una eternidad y es incómodo en
todos los sentidos: no sólo hace mucho frío y no apetece salir, además caminar por las calles es
incómodo, peligroso y sucio, los días son cortísimos y, desde luego, para ancianos, madres con niños
pequeos y minusválidos estas incomodidades se multiplican imposible atinar por cuánto. Además,
entre el invierno y el verano está, es de Perogrullo, la primavera, estación poco querida: sigue haciendo
frío, y además es la época del deshielo, que aumenta la incomodidad y la suciedad de las calles. Por
otro lado, la nieve caída durante el invierno acumula cantidades ingentes de suciedad. Hasta la
explosión de vida que nosotros identificamos sin más con la primavera, pasan muchas semanas, a
veces, hasta ocho.
Desde otro punto de vista, el día de la primera nieve tiene el inconveniente del caos del
tráfico. Es día de patinazos y accidentes. Después, o se ponen en los coches los neumáticos con
tachuelas, o la gente se acostumbra y desciende mucho el peligro.
Pese a todo, el día de la primera nieve es una institución y está lleno de encanto. Por un día se
olvidan las nostalgias del buen tiempo veraniego, las incomodidades y la duración del invierno. La
nieve primera produce una extraña sensación de paz y de belleza. La ciudad y el campo se hacen
silenciosos, y el paisaje con la nieve inmaculada es de una belleza extraordinaria. Por eso, pese a que el
invierno no es bien recibido, en ese día tiene amnistía. El extraño cúmulo de sensaciones apacibles, de
belleza, de poesía convierten por un día en benévolo el juicio condenatorio que merece el resto.
Por un día, no importa que el invierno que se anuncia sea largo y frío, que la belleza de la
primera nieve se torne pronto en suciedad y en barro, que el verano esté tan lejos. Hoy todo eso no
importa. La primera nieve es benévola y merece ser bien recibida. Bienvenida sea.