NOCHE DE DIOS Y DE LOS HOMBRES
Ángel Gutiérrez Sanz
La Palabra se ha hecho carne y ya nada volverá a ser lo mismo. La suprema aspiración humana
se ha hecho realidad, Dios es ya uno de los nuestros y su gloria ha inundado de luz este mundo
nuestro, sumido en las tinieblas. Esto es lo que sucedió hace dos mil años en nuestra tierra,
aunque hay hombres que parecen olvidarlo. Ésta ha sido la revelación de Dios, la más sublime y
hermosa de todas las locuras que uno pudiera imaginarse. Éstas son las Navidades que algunos
nos quieren robar; pero no podrán porque forman parte de nuestra historia y siempre habrá un
corazón humano que tiemble de emoción cada año, por estas fechas.
Ante este acontecimiento tan prodigioso, los demás sucesos de la historia de los hombres
palidecen. Iba a decir más, si se pudiera hablar de historia en Dios, éste sería también uno de sus
acontecimientos más maravilloso. A partir de ahora la grandeza de Dios es la grandeza del
hombre, lo que nos suceda a nosotros le sucederá también a Él. En Navidades nace Dios y
también nacemos todos los hombres y mujeres con Él
Nosotros, que sólo somos hombres, no acabamos de comprender lo que hace 2000 años
sucediera en Belén. Nunca nos hubiéramos atrevido a pedir tanto, ni siquiera hubiéramos
llegado a sospechar que ello era posible; pero sucedió. Ojos humanos pudieron contemplar
asombrados, como la gloria y majestad de Dios resplandecía a través de la ternura de un
Niño recién nacido. Inescrutables son los designios de Dios, sus locuras son
desconcertantes, no se ajustan a nuestras percepciones y cálculos humanos; pero resultan
ser siempre algo excelsamente maravilloso y hacen que nuestro corazón rebose de gozo y
alegría
Después de haber sabido lo que sucedió en Belén, nos sentimos orgullosos de ser hombres
porque a partir de ahora, la grandeza de Dios será nuestra grandeza y todo lo que nos suceda a
nosotros le sucederá también a Él. Nunca podremos comprender el misterio de la Navidad pero sí
rendirnos al amor de Dios que en él se manifiesta y cuando en estos días nos acerquemos a
adorar al niño, hemos de dejar que sea nuestro corazón el que hable.
Éstas son las Navidades que yo quisiera que fueran de todos y para todos, éstas son las
Navidades que yo quisiera que duraran todos los días del año. Las otras navidades, aquellas en
las que hay que estar alegres por obligación, sin saber por qué, éstas otras navidades
paganas a las que nos hemos ido acostumbrando son las que habría que comenzar a
cuestionarse. La crisis económica ha venido a demostrarnos la diferencia que existe entre la
alegría meramente externa y el gozo interior, aquella se puede perder cuando las cosas
vienen mal dadas , ésta, la auténtica permanece porque su fundamento es Dios que nunca
cambia