LA PATRONA DE GUANABACOA
El 15 de Agosto, La Iglesia Católica celebra la festividad de la Asunción de
María. En Guanabacoa, antes que el marxismo tomara el poder, ese día era la
celebración de La Tutelar, como tradicionalmente se conocía la Imagen de la
Asunción que se veneraba en la Parroquia.
Ese día, después de la Santa Misa, la imagen de la Virgen cargada en hombros,
recorría las principales calles de la ciudad adornada por los devotos habitantes. A
su paso, desde el campanario de la Parroquia se disparaban voladores; desde la
azotea del Ayuntamiento los fuegos artificiales iluminaban el estrellado cielo cubano
y desde los balcones de las casas el pueblo lanzaba lluvias de flores, aplausos y
besos.
Todos los guanabacoenses exhibíamos nuestras mejores galas; muchos seguíamos
en ordenado desfile detrás de la venerada Madre, acompañándola en todo su
recorrido.
Era la Reina de la Patria chiquita, rodeándola iba su corte de honor integrada por
jovencitas vestidas de blanco, símbolo de la pureza, adornos para la Santa e
Inmaculada Madre.
Había atracciones en los parques para diversión de todos y kioskos en las calles
vendiendo comidas típicas, golosinas y refrescos. Era una fiesta popular para
disfrute de todos los miembros de la familia.
Se celebraban fiestas bailables en todos los círculos sociales: El Casino Español, El
Progreso, Liceo Artístico y Literario, El Moncada y Alianza Juvenil, amenizadas con
las mejores orquestas de la época.
Éramos muy felices, en cada rostro había una sonrisa y una esperanza. Había
mucho para escoger y libertad para elegir. Sabíamos reír, pero también sabíamos
crear.
El 15 de Agosto de 1960, escoltada por militares, sin voladores ni fuegos artificiales
y sin corte de honor, la imagen de La Asunción recorrió por última vez las
antiguas calles de Guanabacoa, la colonial Villa de Pepe Antonio, ciudad que veneró
esta festividad de generación en generación.
Siempre recordaremos a aquellos frailes Franciscanos, que organizaban esta
ceremonia con tanto regocijo, compartiendo nuestras penas y alegrías,
demostrando el gran cariño que le habían tomado a esa tierra y a esa gente que los
acogió con gratitud y que fueron para todos instrumentos en el crecimiento de la
Fe.
Diego Quirós, Sr.
Agosto 7, 2001.