SACERDOCIO – desde otro ángulo
Padre Pedrojosé Ynaraja
Me he estado refiriendo al sacerdocio partiendo de mi experiencia. Cada uno es
cada uno y tiene sus cadaunadas, digo con frecuencia. Pero muchas de estas
cadaunadas nos son comunes. Para poner punto final a estas reflexiones, que no
sé cómo y cuando empezaron, trataré dos cuestiones.
El éxito o el fracaso de un presbítero, la fidelidad o deslealtad en su vida,
¿dependen exclusivamente de él?. Me detengo en ello, sin acudir al “yo soy yo y
mis circunstancias” de Ortega y pensando únicamente en la actual realidad social.
No hay que ignorar lo que supuso en España la Guerra Civil. A muchísimos
ciudadanos se les encarceló y mató única y exclusivamente por ser cristianos,
fueran laicos, religiosos o clérigos. Este heroico testimonio influyó posteriormente
en muchas elecciones. Ya Tertuliano había dicho "La sangre de los mártires es
semilla de nuevos cristianos". En una situación de carencia de alimentos y de
imposibilidad de gastos en diversiones, las historias de los que murieron, animaban
y entusiasmaban a chiquillos idealistas. Florecieron abundosas vocaciones. No
fueron estas circunstancias las que influyeran en mí, pero sí en otros muchos.
En un plano general, hablo del Viejo Continente, la experiencia de una contienda
entre hermanos de una misma cultura, que se mataron entre sí, conducidos y
engañados por visionarios racistas o por ambiciosos políticos sin escrúpulos, cosa
que fue la Segunda Guerra Mundial, al finalizar este horror, brotó un deseo
idealista, generoso, profundamente humano, de hermandad, compartir y reparar.
Una tal situación, se plasmó en experiencias que mencionaré brevemente, hubo
otras muchas más. En Taizé, el pequeño grupito que se volvió a reunir en la
“peque￱a iglesia románica” con Fr. Roger de aglutinante, dio paso a la gran
afluencia juvenil, a la “basílica de la reconciliaci￳n” y el “concilio de j￳venes. En el
terreno scout, la Jamboree de la Paz en Moisson en 1947, que reunió a 25 000
jóvenes, (25 000 era una multitud en aquel tiempo) fue otro ejemplo. El embrión
de la Unión Europea, empezó a germinar por entonces, como ensueño de grandes
políticos cristianos: Schuman, Adenauer, De Gasperi.
Lo descrito fue un buen caldo de cultivo. En los antiguos seminarios, los aspirantes
no cabían y los obispos se preocuparon más de levantar edificios, que de preparar a
los seminaristas para que, llegando a edad madura, estuvieran armados para
afrontar realidades muy diferentes.
Fui ordenado sacerdote al día siguiente de cumplir 23 años. Aceptado en mi primer
destino por jóvenes y adultos, me resultó gratificante ser fiel a mi vocación
sacerdotal. Ellos me lo pedían y agradecían. De alguna manera me atreveré a decir
que me lo exigieron y me fue fácil corresponder. Recuerdo a muchos de ellos y
también se acuerdan de mí, los que viven, evidentemente. Han pasado de esto más
de 50 años.