Una historia que acaba bien
Fernando Torre, msps.
«La vida es una historia que siempre acaba mal». Encontré esta afirmación en un libro que
recientemente leí. ¿Será cierto que la vida acaba mal ? El autor se refería a la muerte, con
sus precursores: la enfermedad, la ancianidad o un accidente. ¿Pero es la muerte el final
de la vida?
Los cristianos creemos que la vida no termina, sino que se transforma. Después de
la muerte biológica continúa la vida; una vida diferente, mejor; sin tristezas ni dolores; una
vida que colmará nuestros deseos; una vida plena, un gozo interminable. La muerte no es
el final de toda la historia, sino sólo de la primera parte.
Quienes creemos en la resurrección de los muertos y en la vida eterna podemos
ver de frente la muerte, con serenidad y confianza, sin asustarnos ni huir de ella, sin
camuflarla ni negarla. En lugar de considerarla como una enemiga que nos arrebatará
todos nuestros bienes, vemos la muerte como una amiga que viene a abrirnos la puerta a
través de la cual entraremos en la fiesta de la vida, una amiga que nos conducirá a la
comunión plena con Dios y al reencuentro con los seres queridos que se nos habrán
adelantado. Por eso san Pablo pudo decir: «Para mí la vida es Cristo, y la muerte, una
ganancia» (Flp 1,21).
Los creyentes tenemos certeza de que tras cruzar el umbral de la muerte nos
encontraremos con Dios Padre, que nos está esperando con los brazos abiertos;
encontraremos a Jesucristo resucitado que nos dirá: «Ven, bendita/o de mi Padre».
¡Bienvenida/o a casa! «Entra en la fiesta de tu Señor» (Mt 25,21.34).
La vida es una historia cuya primera parte termina con el trágico capítulo de la
muerte. Pero es una historia que fue pensada por su Creador para acabar bien; por eso
tiene una segunda parte, que es un canto de victoria y un poema de amor.