Una proteína curiosa: laminina
Para vivir la Cuaresma
Pbro. José Martínez Colín
1) Para saber
En la homilía que celebró el papa Francisco I un día después de
su elección, afirmaba la necesidad de tener en cuenta a la cruz para
ser verdaderos discípulos de Cristo: “Cuando caminamos sin la Cruz,
cuando edificamos sin la Cruz y cuando confesamos a un Cristo sin
Cruz, no somos discípulos del Señor: somos mundanos, somos
obispos, sacerdotes, cardenales, papas, pero no discípulos del Señor”.
El Papa nos invitaba a que estos días de Cuaresma, “tengamos
precisamente el coraje de caminar en presencia del Señor, con la Cruz
del Señor; de edificar la Iglesia sobre la Sangre del Señor, que se ha
derramado sobre la Cruz; y de confesar la única gloria: Cristo
Crucificado. Y así la Iglesia irá adelante”.
2) Para pensar
En un artículo se mencionaba una noticia interesante y a la vez
curiosa. Se comentaba que se ha descubierto y fotografiado con un
microscopio electrónico una proteína en el cuerpo humano a la cual
llaman laminina .
La laminina es una de las miles de proteínas que tenemos en el
cuerpo humano y las cuales son responsables de que funcione bien. La
función de esta proteína es básica y vital, pues consiste en mantener
unidas las células y órganos de nuestro cuerpo. Sin ella no pudiéramos
subsistir.
Es una proteína pequeñísima, apenas tiene una longitud de 120
nm. Se define como una glicoproteína que forma parte de la lámina
basal asociada a otras proteínas. Su función sería la de anclar las
células epiteliales a la lámina densa. Aunque son términos para
conocedores, lo que si podemos entender todos es que es como el
pegamento que mantiene junto al cuerpo humano a nivel molecular,
algo así como las varillas en el concreto. Nos desmoronaríamos y
moriríamos sin esta proteína que todos tenemos.
Pero lo curioso de todo es su forma: Tiene la forma definida de
una cruz, una cruz que recuerda la de Cristo.
No deja de llamar la atención que sea una cruz lo que sirve de
unión y que mantiene funcionando nuestro cuerpo. La Escritura habla
en un sentido espiritual, cómo gracias a Cristo que murió en la Cruz,
podemos unirnos a Él por la gracia y así formar todos un mismo
Cuerpo que es la Iglesia. Al ver la forma de la proteína sorprende que
sea precisamente una cruz lo que mantiene también unido el cuerpo,
hablando en sentido material.
Se podría pensar que así como todo buen diseñador deja su
marca en todo lo que hace, así nosotros fuimos creados en El y para El
y tenemos su marca.
3) Para vivir
La Cruz que el Señor nos pide llevar para ser sus discípulos la
podemos encontrar en los diversos acontecimientos que nos rodean,
no es preciso buscarla mucho para saber que suele estar a nuestro
lado, con quienes convivimos, trabajamos o nos encontramos.
San Josemaría Escrivá nos sugiere algunos puntos para llevar la
cruz de cada día: “Esa palabra acertada, el chiste que no salió de tu
boca; la sonrisa amable para quien te molesta; aquel silencio ante la
acusación injusta; tu bondadosa conversación con los cargantes y los
inoportunos; el pasar por alto cada día, a las personas que conviven
contigo, un detalle y otro fastidiosos e impertinentes... Esto, con
perseverancia, sí que es sólida mortificación interior” (Camino 173).
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