C REO EN J ESUCRISTO
Como profesión de fe, unido a todos los que confiesan a Jesucristo resucitado de
entre los muertos, pronuncio mi adhesión y pertenencia a la Iglesia y con ella confieso:
Creo en Dios Padre, Creador, Origen de todo, Fuente de vida, entrañas de
misericordia, Amor desbordante, Dios de paz, de vida, y salvador.
Creo en Jesucristo, el Hijo único de Dios, que existía antes del tiempo, metido en
el seno entrañable del Padre, por quien todo se hizo y a quien el Padre Dios quiso ungir
con el poder del Espíritu Creador. “Todo se hizo por Él y para Él”.
Creo en Jesucristo, el Hijo amado de Dios, reflejo exacto de la mirada del Padre,
impronta de su ser, imagen invisible de Dios invisible, icono perfecto del Amor divino,
espejo en el que el Padre se mira y se llena de gozo.
Creo en Jesucristo, Verbo de Dios, Palabra eterna, diálogo divino, relación
esencial trinitaria, Tú de Dios, testigo que contempla y escucha amorosamente cuanto
hace y dice su Padre, y lo asume como propia voluntad.
Creo en Jesucristo, Verbo encarnado en las entrañas de una Virgen por obra del
Espíritu Santo, nacido de mujer, en la plenitud del tiempo, cuando todos los reinos
estaban en paz.
Creo en Jesucristo, hijo de la Virgen María, doncella de Nazaret, escogida por
Dios, inmaculada, madre virgen, que dio a luz a su Hijo primogénito y lo envolvió en
pañales y lo recostó en un pesebre. Ella es la Madre del Amor hermoso, verdadera
Madre Dios.
Creo en Jesucristo, revelación del Amor divino, manifestación plena de la
voluntad salvadora de Dios, que vino a nuestro mundo para revelar hasta dónde llega el
amor de Dios, y en cumplimiento de su voluntad.
Creo en Jesucristo, llamado el Nazareno, que pasó por nuestro mundo haciendo el
bien, proclamando la llegada del Reino de Dios, que era Él mismo, y llamando a su
seguimiento.
Creo en Jesucristo, hermano y amigo, Maestro que llama a los que quiere, para
unirse a su misión de anunciar la Buena Noticia con obras y palabras. Y reconozco que
he sentido su llamada a seguirlo por pura iniciativa suya.
Creo en quien fue perseguido, condenado, y sentenciado a muerte en tiempos de
Poncio Pilato, que murió en la Cruz, como gesto de amor supremo, para salvación de
todos, y reveló que la cruz es la llave para la luz; la muerte, semilla de vida, y demostró
que perder es ganar; servir es presidir; y la ultimidad es primacía.
Creo en Jesucristo, resucitado de entre los muertos, glorificado por su Padre Dios
y exaltado a su derecha, Señor de vivos y muertos, rey del universo, principio y fin de
todo lo creado, primicia de la nueva humanidad, revelación del destino glorioso de la
creación entera.
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Creo que la existencia humana no termina en lo visible, que estoy destinado a
compartir la gloria del Resucitado, quien, como juez, aparecerá en el tiempo de la
consumación de todas las cosas en Él.
Creo que mi fe es un don del Espíritu Santo, que me une a todos los que creen y
me hace formar parte de la familia de Dios, en comunión con todos los santos.
Creo que todo sucede para bien, que en todo acontecimiento se me desvela la
huella divina, la indicación providente para avanzar por el sendero de la verdad, del bien
y de la belleza.
Creo que tengo la posibilidad permanente de optar por Jesucristo, de seguirlo por
amor, y de esperar, confiando en la Palabra divina, mi destino glorioso, junto con todos
los redimidos por la sangre del que murió y resucitó, Jesucristo, nuestro Señor.