La libertad y la ley bajo el imperio de la moralidad
Ángel Gutiérrez Sanz ( Catedrático de Filosofía)
Una vida es suficiente para constatar como en cuestión de moralidad se puede
pasar del blanco al negro sin solución de continuidad. Comportamientos morales
que eran tenidos como aberrantes han pasado a ser defendibles y legitimables.
En poco tiempo hemos visto como las virtudes y los vicio han cambiado de nombre,
lo deshonroso ha pasado a ser honorable y viceversa. ¿ Qué nos está pasando?
Existen lobbys y fuerzas siniestras empeñadas en hacernos creer que esto de la
objetividad moral es ya una antigualla. Se nos dice que ante el fracaso de la
razón filosófica, sólo queda el escepticismo donde la duda es compañera
inseparable del pensar. Cada cual ha de crear su propia verdad y si esto sucede en
el campo del conocimiento no hay motivo para pensar que en el campo de la ética
vaya a ser distinto. Aquí radica el origen de la desorientación que estamos
padeciendo
Como consecuencia y también como complementación del escepticismo
gnoseológico, hace su aparición el relativismo moral, que viene a cerrar la órbita en
la que se desenvuelve nuestra cultura posmodernista. Al cuestionamiento de la
Verdad le ha seguido el cuestionamiento del Bien, lo que significa la desaparición de
la ética como ciencia objetiva y universal. Es el final de un largo proceso que se
iniciara ya en la modernidad; pero en esta época, al menos aún quedaba en pie esa
pretensión universalista de la que es expresión la ética kantiana que nos hablaba de
un imperativo moral categórico basado en “ el cumplimiento del deber por puro
respeto al deber de obligado cumplimiento para todos, lo cual permitía hablar de
una ética universalista, todo lo formalista que se quiera; pero al fin y al cabo ética
para todos. Pues bien ahora todo esto se acabó y cada cual tiene que apañárselas
como pueda, con su propio código moral.
La ausencia de un imperativo moral, fundado en las exigencias de la dignidad de la
persona humana, está impidiendo tanto a los legisladores como a las conciencias
de las personas, tener un referente seguro, que sirva de criterio moral objetivo a
la hora de tomar decisiones . A falta de este juicio bien fundado en la razón última,
lo que cuenta son los sentimientos, gustos y vivencias de las personas.
Todo esto viene a cuento de la polémica suscitada en torno al aborto y a las
aspiraciones cada vez más exigentes de los homosexuales, que tiene dividida a la
ciudadanía. Es natural que no se entiendan quienes parten de planteamientos tan
distintos. Se trataría pues de un diálogo en distintos idiomas que se hace imposible
el entendimiento mutuo ¿ Que hacer entonces? No hay otra salida que encontrar un
marco común que haga posible el diálogo. Pienso que antes de pasar a analizar la
casuística hay que disponer de un criterio moral común basado en razones sólidas.
Es por aquí por donde debiéramos comenzar, si queremos dar respuesta a muchas
problemas espinosos que llevan ya bastante tiempo sobre la mesa y no pueden
esperar más
Se ha intentado fundamentar el discurso ético sobre el ideal de libertad; pero por
este camino no hemos avanzado nada, porque la libertad no es ningún absoluto en
torno al cual puede tejerse el discurso moral.“ Ay libertad decía camino del
patíbulo Madame Roland, cuantas atrocidades, han sido cometidas en tu nombre”.
Cuando colocamos la libertad por encima del ideal moral nos quedamos sin ética y
sin libertad , ya que la libertad no es hacer lo que se quiere , sino lo que se debe, lo
cual es tanto como decir que la libertad no es un fin en sí mismo, tan sólo un medio
de liberación humana. Se ha intentado también definir lo bueno y lo malo en
términos de lo normal y lo anormal, no reparando en el error que supone pensar
que lo normal, es decir lo que la gente hace es equiparable a lo normativo. Fácil es
constatar a través de la historia como comportamientos de uso corriente entre las
gentes, ( normales), nada tenían que ver con la moralidad y viceversa. Entonces
¿donde podíamos encontrar esa base común que hiciera posible el diálogo ético,
válido para todos ? No en otra cosa que en las exigencias naturaleza humana que
es la que nos une, nos identifica, que a todos nos interpela por igual y que viene a
ser la garantía de la dignidad de la persona humana . El descubrimiento de los
Derechos Humanos, universalmente admitidos es un signo esperanzador de que
podemos llegar a ponernos de acuerdo sobre lo justo y lo injusto , lo humano y lo
inhumano, lo que es razonable lo que no es razonable, lo moral y lo inmoral. No es
la apreciación sujetiva de cada cual la que haga posible el consenso, está haciendo
falta más compromiso con la moralidad objetiva.