LA CONSAGRACIÓN DE LA PRIMAVERA
Padre Pedrojosé Ynaraja
No creo que haya asistido a más de tres espectáculos de ballet. La primera fue de
total satisfacción estética. Quedé sorprendido porque al disfrutar de la belleza,
evocaba emocionado a mi querido padre, muerto hacía unos años. En la segunda
ocasión fue además el recuerdo de una hermana mía que había fallecido poco
tiempo antes. No me sorprendí que me ocurriera algo semejante en la tercera
ocasión. Advierto que ambos habían vivido y muerto cristianamente y esperando la
resurrección. El fenómeno lo medité con frecuencia, hasta que descubrí que la
visión de la persona que danzaba, libre aparentemente de la gravedad y de la
rigidez, arropada en la música y la coreografía, era como si se me revelara que
ambos, padre y hermana, gozaban en la vida eterna, de absoluta libertad y gozo
total.
En la actualidad contemplo ballet semanalmente por TV. Mi condición de fotógrafo,
me permite admirar la calidad de la iluminación, el ángulo de toma y la
expresividad de cada detalle corporal. Ahora sé que en el ballet importa tanto
brazos y piernas, como miradas, gestos y hasta los dedos de los pies. Me siento en
el Cielo. O los siento en el Cielo. Hasta hace muy poco, el programa se ofrecía los
domingos y complementaba mi oración litúrgica y el rosario. Que lo entienda quien
sea capaz.
Hoy quiero referirme a una obra cuyo centenario se celebra estos días. Pese a que
su título castellano sea “la consagraci￳n de la primavera” sería más propio llamarlo
“primavera sagrada”, con el a￱adido “imágenes de la Rusia pagana” que aparece en
la partitura original. Por si el lector lo ignora, el ruso Igor Stravinsky fue autor de su
música.
El argumento recoge la leyenda de un pueblo que cada año celebra a la primavera
que se inicia. La juventud reunida danza frenéticamente, proceso previo a la
elección de una muchacha virgen, que será ofrecida a la divinidad. El dramatismo
empieza cuando la escogida se da cuenta de serlo y advierte que no tiene
escapatoria. A partir de este momento la situación se torna trágica. Es empujada y
despojada. Su semblante es viva imagen de su miedo y horror. Quiere huir y
refugiarse. Pero se da cuenta de que es el centro del espectáculo que le tenían
preparado. Su baile es patético, finalmente, ante la mirada indiferente de sus
congéneres, cae exhausta.
Existen diversas coreografías. Estoy pensando en alguna de las recientes y apunto
sugerencias. La mujer es el ser humano más indefenso. Varones fuertes y mujeres
envidiosas, pueden despojarla de todo. Quedar, como Cristo en la cruz, totalmente
desprotegida, indefensa, desnuda.
Por paradójico que pueda pensarse, su visión siempre me evoca primero a la
injusta situación de la mujer, aun en la actualidad. Las cámaras que enfocan el
rostro atemorizado de la protagonista y la placidez con que al final la miran sus
compañeros que han sido fieles triunfadores del destino, me reflejan a Jesús en
Getsemaní y en el Calvario. Que lo entienda quien sea capaz. Para mí es profunda
meditación. Evidentemente, la joven ofrecida como víctima, no resucita, nueva
reflexión cristiana. (por YouTube, pese a la falta de definición del sistema, pueden
verse varias coreografías, pienso especialmente en la de Angelin Preljocaj)