ACCIÓN Y COMPROMISO
Cuando una piedra se introduce en nuestro calzado y comienza a incomodar
en el andar lo primero que hacemos es intentar ubicarla en algún lugar que
no incomode.
Con diversos movimientos tratamos de colocarla en algún lugar que no
moleste.
Cuando, luego de agotados todos los movimientos posibles, no logramos
ubicarle en algún lugar poco incomodante nos quitamos el zapato y le
retiramos del zapato.
Siempre es algo que no es de nuestro agrado.
No es muy grato, en plena vía pública, recostarnos a alguna pared o
sentarnos en algún zaguán para descalzarnos y así quitar la piedra.
Ello sería lo más simple y lo más rápido.
Pero, antes de llegar a tal cosa, intentamos mil movimientos.
Siempre pretendemos agotar los medios.
Cuando tratamos con gente siempre nos descubrimos con una tarea por
realizar.
Siempre descubrimos que tenemos algo más que aprender.
Siempre descubrimos que aún nos falta mucho camino por transitar.
Los demás no son, por suerte, iguales a nosotros y respetarles no es fácil.
Los demás, en oportunidades, poseen actitudes que no podemos compartir.
Muchas veces, frente a las actitudes de los demás debemos, por respeto,
callar.
Hay veces que se hace necesario poner un freno.
Son esas actitudes que hacen a los demás y no se pueden tolerar.
Callar es permitir que ello se pueda convertir en uso común y permitiría se
afectase lo esencial.
Son pequeñas cosas que no pueden dejarse pasar puesto que se pueden
volver en grandes cosas nocivas.
No importa quien lo haga sino que importa salvaguardar el bien común.
Lo primero que debemos saber mirar es a nosotros mismos.
Nuestra intención puede ser la correcta pero podemos equivocar la
metodología.
Nuestra intención puede ser la correcta pero podemos equivocar el
momento.
Nadie es perfecto y, tal cosa, debemos tenerla muy presente con respecto a
nuestro actuar.
Siempre podemos tener un algo más de tolerancia.
Siempre podemos tener un algo más de respeto.
Siempre podemos poseer un algo más de sentido común.
Nunca es grato deber descalzarnos para quitar una piedra.
Cuando se trabaja con gente necesario se hace “quitar la piedra” antes que
“otras piedras se ganen dentro del calzado”
Se es muy propenso a imitar actitudes de los demás y, por ello, no es
posible tolerar esas conductas que pueden romper un clima y ser imitadas
por otros.
¿Qué sentido puede tener una acción que no ayude a crecer?
¿Qué sentido puede tener dejar perder un ambiente que se ha logrado?
Dejar que algo de lo logrado se destruya es retroceder y retroceder es
haber trabajado en vano.
Me podrán decir que, en oportunidades, una actitud equivocada no implica
perder sino que es, simplemente, una actitud equivocada.
Una actitud equivocada y permitida es dejar abierta la posibilidad a que
dicha actitud sea reiterada y, lo que podría ser peor, imitada por otros.
En cierta medida uno tiene una responsabilidad y si por comodidad no la
cumple puede estar cometiendo un error peor que el cumplirla
equivocadamente.
No se puede trasladar a los demás la responsabilidad que a uno le incumbe.
No se puede pretender que los demás realicen lo que uno debe realizar.
Siempre una actividad implica un compromiso.
Cuando la actividad dice de trato con gente aumenta el compromiso.
Un compromiso que posee una triple dimensión.
Con uno mismo, con el grupo y con cada uno de los integrantes del mismo.
No hay lugar para las proezas de continuar con la piedra en el zapato como
si no existiese.
No hay espacio para no avanzar por el pretender realizar interminables
movimientos para acomodar la piedra.
Solamente hay espacio para detenerse muy brevemente y quitar la piedra.
Aunque ello no sea de nuestro agrado, aunque nos resulte violento, aunque
lo hagamos a la vista de los demás. Hay que descalzarse y……. quitar la
piedra.
Padre Martín Ponce de León SDB