“CARITAS IN VERITATE”
LA MISION POLITICA DE LA VERDAD
Mucho más importante que la noticia del accidente en la muñeca de Benedicto
XVI, fue ciertamente la última encíclica firmada a fines del mes de junio. Como muchas
otras veces ni siquiera el periodismo serio se ocupó de manera relevante del
documento “Caritas in veritate”. Muchas de las definiciones dadas a la cuestión social
pensada por la Iglesia desde tiempos de Leon XIII no habían tenido la síntesis
humanista cristiana a la que llegó nuestro Papa actual: “La caridad es la vía maestra
de la doctrina social de la Iglesia” 1 Es cierto que la reflexión de Benedicto XVI tiene
como fundamento y base un importante bagaje histórico de reflexión eclesial en la
cuestión social, pero se puede reconocer en su fino discernimiento una novedad que
ilumina todo el proceso y una lectura acertada de los acontecimientos actuales. La
cuestión social en la Iglesia no es nueva y su reflexión fue acompañando los ciclos y
acontecimientos de la historia. ¡Cuantas interpretaciones extremas durante los años
´60 y ´70 hicieron escindir la caridad de la lucha social! ¡Cuantos admirables, pero no
imitables curas hablando de política y sociedad sin autentico espíritu de caridad
verdaderamente cristiana en casi ninguno de sus emprendimientos! Pero la caridad sin
la verdad no es autentica y como dijo hace algunos años un Ministro de Defensa de los
Estados Unidos cuando comenzó la Invasión a Irak “La primera victima de una guerra
es la verdad”. En la cuestión socio-política la verdad es una victima continua. Los
gobiernos mienten para mantener su hegemonía, los pueblos creen para sostener su
débil esperanza.
La caridad es el amor de Dios que anida en nosotros y nos hace reconocer en el
otro a nuestro hermano y actuar en consecuencia. Por un verdadero don de Dios
recibimos el impulso para la caridad, en ella encontramos la verdad que nos hace ser
otros Cristos. Es en la relación con el otro, con nuestro hermano que encontramos la
oportunidad para materializar la experiencia máxima del cristianismo. “La doctrina
social de la Iglesia responde a esta dinámica de caridad recibida y ofrecida. Es «caritas
in veritate in re sociali», anuncio de la verdad del amor de Cristo en la sociedad” 2 Es la
caridad de Cristo la que debemos anunciar y poner en práctica. Una caridad que no
nace de ideales humanos sino del encuentro íntimo con El.
Tomando palabras de Hannah Arendt, hoy la política necesita de la mentira para
sostenerse a si misma. No es un atributo intrínseco a la vida política o el hacer
cotidiano de los políticos el valor de la verdad, más bien en la práctica normal de la
política se usa y abusa de la mentira para sostener un “statu quo”, una inmovilidad
social para mantener el poder. Hoy somos concientes y testigos de las cifras de la
pobreza porque la vemos en la calle y en el vecindario, somos cómplices de la mentira
de los datos que dibujan una realidad que no existe. La verdad sigue siendo un
martirio para aquellos que de verdad luchamos y creemos en la justicia social, en la
redistribución de la riqueza y en el desarrollo integral de los pueblos. Como cristianos
no creemos en esos ideales sociales a la manera de “slogan” como políticos
mentirosos sino como objetivo de plenitud de una sociedad mas justa. “El desarrollo, el
bienestar social, una solución adecuada de los graves problemas socioeconómicos que
afligen a la humanidad, necesitan esta verdad” 3 , sostiene Benedicto en su carta. El
planteo de la conocida Encíclica “Populorum Progressio” hoy sigue siendo tan actual
como en los años de su edición. Hoy el progreso de los pueblos es cada vez más alto y
también más fuerte la exclusión. La escandalosa diferencia entre pobres y ricos sigue
siendo sobre todo a causa del progreso en primer lugar del consumo excesivo y
acumulativo de los que mas tienen y del acceso a posibilidades escasas e inalcanzables
para muchos con el objetivo de pertenecer a un grupo o ser reconocido.
Vivimos escuchando el discurso de la mentira, convertida en promesa. Es el
falso testimonio de la política la semilla de la indiferencia generalizada hacia la clase
dirigente. Cuanto más grande es la promesa, mas fuerte es la frustración del pueblo.
Estamos invitados a ser Nación, a ser ciudadanos en un pueblo, al menos el nuestro,
atravesado por la compleja y entramada corrupción de los que nos representan. Pero
la novedad de la corrupción hoy está sobre todo en la descarada mentira. El silencio y
aprobación de los cristianos y de manera especial de los católicos ya no es signo de
precaución sino de complicidad. Esta caridad a la que somos llamados hoy se quiere
materializar en la verdad. No se puede seguir sosteniendo un pueblo en la injusticia y
en la mentira como hoy se hace.
No es en vano que la Iglesia se ha hecho responsable de la realidad de su
pueblo desde finales del siglo XIX. Hoy sigue siendo imprescindible ser auténticos
cristianos siendo comprometidos con la realidad social que nos interpela. El
pensamiento de la Iglesia a lo largo de la historia tuvo un proceso de inserción social a
partir de 1891 con la Encíclica madre: “Rerum Novarum”, las “cosas nuevas”, los
hechos y acontecimientos nuevos que habían comenzado a fabricar una sociedad cada
vez mas injusta. La Iglesia se ocupó desde hace casi 120 años de pensar a la luz de la
Palabra los nuevos acontecimientos socio-económicos que aceleraron el proceso de
producción de la riqueza a la vez que profundizaron la pobreza y la exclusión. El
pensamiento de la Iglesia durante muchos siglos se ocupó de la vida moral de los
hombres, entendida esta como moral privada. Las situaciones de desencuentros
humanos a lo largo de la historia hicieron que la reflexión del magisterio eclesial pase
de una mirada auténticamente individual a una comunitaria, macro-relaciones.
“ᆱCaritas in veritateᄏ es el principio sobre el que gira la doctrina social de la Iglesia, un
principio que adquiere forma operativa en criterios orientadores de la acción moral” 4
Hoy podemos entender que la Iglesia puede participar de la política sin por eso
mezclarse en ideologías, competencias, revanchismos, odios y todo lo malo que hoy
identifica a este ámbito. La Doctrina Social de la Iglesia es un aporte político a la
sociedad ya que muchas veces cae en las mezquindades, absolutismos y fanatismos.
La Iglesia tiene y cuenta con una riqueza importante en reflexión social: “La Iglesia no
tiene soluciones técnicas que ofrecer y no pretende «de ninguna manera mezclarse en
la política de los Estados» 5 No obstante, tiene una misión de verdad que cumplir en
todo tiempo y circunstancia en favor de una sociedad a medida del hombre, de su
dignidad y de su vocación” 6 La función de la Iglesia tiene que ver especialmente con la
iluminación de las conciencias pero no con las respuestas técnicas que deben dar otras
instituciones.
La verdad de Jesucristo hoy sigue clamando para la construcción de un mundo
nuevo donde ya no exista más el odio, ni la injusticia, ni la exclusión. El mundo sigue
avanzando por el camino de la tecnología y la producción masiva de bienes de
consumo, pero no ha encontrado la solución básica para respetar la dignidad del
hombre. Se esfuerzan las grandes políticas mundiales por ser cada vez mas
pragmáticas en sus realizaciones pero la ambición y la avaricia aplastan al hombre
trabajador, al más débil, al que sufre, al que ya no se puede levantar. El escándalo de
la concentración de la riqueza en manos de unos pocos sigue caracterizando a esta
sociedad que se autodenomina civilizada. Hoy el mundo necesita de la caridad, pero
unida a la verdad para construir definitivamente un mundo donde lo que se globalice
sea la “solidaridad” 7
HNO. GERMAN DIAZ
germansdb@hotmail.com
1c.in v.2
2 c.in v.5
3 c.in v. 5
4 c.in v. 6
5 c.in v. 10 y 11
6 c.in v. 9
7 cf . Centessimus annus JP II