MIEL-Cantar9a
Padre Pedrojosé Ynaraja
Creo que todos los lectores sabrán que es un producto elaborado por la abeja, que
es un insecto. Advierto que las normas legales dictaban que sólo entre estos eran
comestibles las langostas. Ahora bien, de uno de estos animalitos que,
evidentemente, no son saltamontes, sale la miel, desde antiguo exquisito manjar,
también para judíos. (Es divertido consultar explicaciones rabínicas para justificar
que pueda ser alimento kosher. De manera semejante, el Islam prohíbe comer
productos de animales que no hayan muerto según las normas Halal, pero, cuando
se trata de leche o mantequilla, nadie pregunta cómo murió o mataron a la vaca.
Idem de lienzo, según nuestras prácticas de abstinencia cuaresmal, y de acuerdo
con ellas, debemos privarnos de comer carne, pero comemos huevo, que en
realidad es un pollo en ciernes, sin que rompamos las reglas).
Antes de que se conociese el azúcar, el sabor dulce se apreciaba en los higos, las
pasas, los dátiles y la miel. Y de entre estos, el producto más apreciado, era el que
nos ocupa hoy. La cultura árabe y la drusa, han conservado la miel para elaborar
con ella los ricos y característicos pastelitos que nos ofrecen junto con el té.
Personalmente, la miel me recuerda tiempos lejanos, de la guerra civil y la
postguerra. De hambre y racionamiento riguroso, en los que nos servía para
endulzar la leche, si es que podíamos conseguirla. El otro recuerdo es menos
agradable, por una serie de circunstancias, llámesele inveterada curiosidad, quise
conocer como se extraía de las colmenas, sin que me proveyera de adecuada
protección. Fui picado por bastantes abejas. La imprudencia me llevó al hospital,
donde hube de permanecer 10 días. He sabido posteriormente, que en el mundo,
cada año, mueren más personas víctimas de estos insectos, que de las mordeduras
de serpientes. Desde entonces las tengo miedo, pero no antipatía. Confieso que
poco antes de redactar este artículo, he compartido y gozado con un compañero
sacerdote, un delicioso té beduino, verde la hierba y dulce y dorada la miel, traídas
ambas de Rwanda, su tierra. Una delicia.
Los evangelios nos dicen que Juan Bautista se alimentaba de miel silvestre y,
habitualmente, se comenta que era esta la única que existía en Israel. La
arqueología recientemente ha demostrado que no era cierto. Cerca de Bet-Shean se
han descubierto colmenas que indican que, en tiempos bíblicos y en aquella tierra,
como en Egipto, existían colmenas de factura humana y próximas a viviendas, que
se aprovecharían de ellas.
Dos detalles. Débora, palabra y nombre hebreo, significa abeja, lo que nos recuerda
a la valiente jueza y profetisa, que estimulo y aconsejó al calzonazos Barak, gracias
a lo cual Israel logro la victoria contra Sísara, de manos de otra mujer
sorprendentemente valiente: Yael. La otra mención, es que en Ex 16,31 se dice que
el gusto del maná era de torta con miel.
En el Cantar se habla dos veces de la miel. De la primera puedo dar fe de que es
exacta y apropiada la sensación. Dice el protagonista: “Ya he entrado en mi huerto,
hermana mía, … he comido mi miel con mi panal” (5,1). Recuerdo que en aquellos
tiempos de escasez, a mi hermana maestra, una alumna, le regalaba algunas
veces, trozos de panal, rellenos de dulce miel. Masticábamos la cera, saboreando el
contenido, como hoy el mejor pastel.
El Cantar, todo él es un sublime poema erótico, de un profundo contenido
genuinamente humano. Esta cualidad es propia y exclusiva de las personas. los
animales pueden tener instintos sexuales, erotismo, no. Así pues, dice él: Miel
virgen destilan tus labios, novia mía. Hay miel y leche debajo de tu lengua…(4,11).
La expresión es bella, y deduzco que también acertada. Supongo que quien
entienda este lenguaje simbólico y tenga experiencia de tal amor, podrá decir si es
exacta la experiencia. Yo no puedo afirmarlo, fiel al celibato, lo desconozco. (No me
angustia el confesarlo, se me han concedido muchos otros goces)