RECORDANDO RECUERDOS
Siempre se dice que esto del “Día del ……” es un algo netamente comercial.
Sin lugar a dudas que lo es pero………….
Permite que uno pueda darse el lujo de recordar recuerdos.
Están allí en nuestro interior y la cercanía del “Día del …….” permite que, los
mismos, afloren en nuestra memoria.
Creo que debe ser que con oportunidad del “Día del padre” se me ha dado
por recordar algunos recuerdos.
Siempre me gustó el boxeo y la única vez que pude asistir a un espectáculo
de ello fue con él.
No recuerdo si fuimos con algún otro de mis hermanos pero debo suponer
que sí.
Uno de los clubes de la ciudad había organizado un espectáculo con la
presencia de uno de los buenos boxeadores que había, en ese tiempo, a
nivel del país.
Recuerdo que una de las peleas anteriores la disputaban dos que vivían una
particular situación.
En una velada anterior se habían presentado con ánimo de divertirse y
hacer divertir al público.
En un determinado momento uno de los contrincantes propinó un golpe “en
serio” a su adversario y ello motivó la reacción del otro.
Durante los asaltos que tenía pactado el combate se dieron muy en serio.
Ello motivó que esa noche se desarrollase la revancha solicitada por quien
había sido considerado perdedor en la primera.
Recuerdo que se dieron muy en serio y, como todos sabían la razón del
combate, fue una pelea muy celebrada por los asistentes.
Las sillas colocadas para los asistentes se llenaron de gritos, risas y
aplausos.
Luego subió al cuadrilátero quien era el protagonista de aquella velada.
No quiero dar el nombre de dicho boxeador para que no tengan idea de lo
antiguo de mi recuerdo.
Lo que más despertó mi atención fue que los boxeadores quedaban con las
cuerdas marcadas en rojo sobre su espalda.
Muchas veces nos llevaba con él a ver los partidos del club de nuestro
barrio.
Allí habían algunos jugadores que conocíamos de la calle pero, en especial,
aquellos dos hermanos que vivían casi frente a donde vivíamos nosotros.
Recuerdo, también, aquel día que fuimos hasta donde trabajaba para
pescar.
No pescamos nada pero……. aún tengo grabada la altura que separaba la
cabina de la bomba a donde se encontraba el río.
Recuerdo que nos bañamos en el canal por donde el agua para el riego
abastecía al establecimiento.
Son recuerdos que están en mi memoria y el hecho de ser el “Día del
padre” los hace ponerse a flor de piel.
Son momentos que están en la mochila de mi historia.
Son recuerdos que dicen de una presencia.
Son recuerdos que dicen de momentos compartidos.
Quizás son situaciones a las que uno no apela con mucha frecuencia ya que
son vivencias de tiempos idos.
Al verlos ahora, en mis recuerdos, no puedo dejar de esbozar un gracias.
Cada ser que pasa por nuestra vida es, sin duda, un obsequio que Dios nos
hace.
Un obsequio que está mucho más allá de cosas materiales.
Un obsequio que no se queda, únicamente, por sus grandes gestos.
Un obsequio que podemos mirar con ojos negativos y detenernos en todos y
cada uno de sus humanos errores.
Un obsequio que podemos mirar con ojos realistas y descubrir esa mezcla
de luces y sombras propias de la condición humana.
Resulta muy sencillo ubicarse en cualquiera de los extremos y alabar o
denostar.
Resulta muy complejo poder ubicarse en ese justo lugar que nos permite
valorar pequeñas cosas y reconocer, silenciosamente, errores.
Recordar recuerdos es una sencilla forma de saber que si no fuese por él en
nuestra vida esos recuerdos no estarían formando parte de nosotros.
Desde lo más sentido de mi memoria un “Feliz día, papá” por obsequiarme
esos recuerdos que despiertan esos otros muchos que mi memoria evoca
ahora.
Padre Martín Ponce de León SDB