UNA REINA
¿Puedo esbozar una sonrisa?.
Te lo digo de verdad, mi sonrisa es fruto de un inmenso respeto producto
de ese cariño que siento por vos.
No, no me sonrío con burla ni porque me cause gracia.
Me sonrío porque, sin lugar a dudas, no te ha de hacer ninguna gracia tal
título.
Tú te auto titulaste “esclava” y nosotros te titulamos “Reina”.
Tal título no responde a otra cosa que al respeto y el amor que se
experimenta por vos.
¿No te hace mucha gracia tal título, verdad?.
Yo te imagino mirando tus manos y......... sí, María.......... son de Reina por
más que te empeñes en ver otra cosa.
Manos de Reina porque tus dedos delicadamente grandes supieron de
solidaridad y servicio a raudales.
Manos de Reina porque supieron conservar viva y despierta la capacidad de
esperanzas y sueños de los hombres de todos los tiempos desde aquella
capacidad de disponibilidad y servicialidad tuya.
Manos de Reina porque no dudan en tenderse en pos de algún cansado
caminante de caminos para acercar la sencillez de tu amistad.
Si tus manos te coronan Reina mucho más lo hace tu sonrisa.
Esa sonrisa que solamente vos eres capaz de regalar con tanta frescura y
cercanía.
Esa sonrisa que ilumina tu rostro moreno y lo transforma en plenamente
confiable.
Esa sonrisa que hace despertar una inmediata sensación de estar bien,
seguro y cuidado a tu lado.
Esa sonrisa que, sin razón aparente, irrumpe en tu rostro y lo hace
entrañablemente querible.
Es esa sonrisa que uno intuye está pese a que, algunas veces, tu rostro se
viste de seriedad.
Uno intuye que siempre está porque eres amiga y, por eso, siempre muy
cercana.
Cuando tus labios no dibujan una sonrisa a la misma la dibuja tu mirada y a
ella no la puedes disimular.
Tu mirada siempre es una sonrisa que llega al corazón porque siempre está
desbordante del amor que experimentas por todos y cada uno de esos hijos
a quienes haces saber amigos.
En oportunidades te imaginamos con cetro y corona pero.......... ¿cómo
podríamos representar tu reinado?.
Necesitamos apelar a nuestros signos convencionales, aún, para aquellas
cosas que están mucho más allá de todo convencionalismo.
¿Cómo podremos hacer para especificar tu reinado?.
Podemos encontrarnos con seres que nos acercan a raudales trozos de vos
pero, no son otra cosa que, solamente, trozos de vos.
Podemos imaginarte desde nuestra experiencia que, siempre, es muy
limitada pero válida por el hecho de ser nuestra experiencia.
Podemos saber de la admiración que nos despiertan algunas manos
delicadamente grandes pero, también, se intuye, son tenues acercamientos
a tus manos.
Podemos disfrutar de la ternura cercana de alguna sonrisa amiga pero
ninguna es la acabada manifestación de esa experiencia interior del
encuentro con tu sonrisa.
Podemos cobijarnos en el calor amigo de alguna mirada pero nunca lo
podemos hacer con la plenitud de la reconfortante experiencia de cobijarnos
en vos.
Son, solamente, trozos de vos.
Es muy gratificante recibir el regalo de alguna mariposa multicolor. Es
gratificante y tal hecho se prolonga en el interior de uno por mucho tiempo.
¿Cómo poder expresar lo que significa poder recibir el regalo de todas las
mariposas plenas de arco iris de quien es la dueña de las mariposas?.
Así como algunos particulares nos regalan trozos de ti y ello es gratificante,
reconfortante y válido uno sabe que el encontrarse con vos es una
experiencia demasiado única e intransferible.
Eres Reina porque, pese a tu sencillez, humildad y muchos silencios
desbordados de oración, nos asombras con tu cercana comprensión de
Madre y amiga.
Eres Reina porque nadie como tú ha sido capaz de tanta fidelidad y
disponibilidad para Dios y su proyecto de amor para los hombres.
Eres Reina porque nadie tan cercana a la acción salvadora de tu Hijo.
Eres Reina y........ me sonrío ante la incomodidad que tal título te
causa........ me gozo en el gozo que me proporciona tu amistad.
Padre Martín Ponce de León SDB