Zorro
Padre Pedrojosé Ynaraja
Para muchos este animal les será exclusivamente una referencia a un pasaje del
precioso librito de Sain Exupery “El Principito”. De ser así, este depredador les
caerá simpático. Si se trata de un labriego, que se gana la vida a trancas y
barrancas, cultivando unos campos, algún árbol y de un corral de gallinas, la sola
mención del bicho, no le haría ninguna gracia. Ocurre así porque entra a escondidas
por cualquier rendija y mata todo lo que encuentra vivo, sin devorarlo a penas. Al
amanecer, al abrir el cubículo, se encuentra el triste panorama, sintiendo rabia
incomparables. Excuso decir que, por astuto que sea, su pertinaz ambición, le
impele a volver a entrar y es entonces, cuando la sagacidad humana, le tiene
preparada una trampa arteramente puesta, de la que difícilmente se escapa.
Alguna vez lo he visto vivo, pero las más es enseñándomelo, agarrado a la trampa,
sujeta con una cadena al muro. Para quien lo descubre es un triunfo, una hazaña
frente al malvado.
Nunca olvidaré un episodio singular. Estábamos por el desierto, no lejos del
monasterio-fortaleza del Sinaí. Un beduino vendía refrescos, poco frescos, y exhibía
un zorro atado con un lazo al cuello. Según decía, y me lo tradujo Fra Rafael
Dorado, había puesto un huevo delante de la madriguera, esperando
pacientemente que saliera a comérselo y él lo atrapara. Mi amigo no se lo creyó del
todo y más bien juzgo que lo contaba para atraer turistas y venderles algo. El
animal era de menor tamaño, pero no por ello carente de la preciosa y apreciada
cola que caracteriza a los de su familia.
Me traslado ahora al texto bíblico.
Se dice que Sansón cazó trescientos ejemplares y atándolos de dos en dos y
ambos a una antorcha encendida, quemó las cosechas del enemigo. El estilo épico
del Libro de los Jueces, puede recoger antiguas aventuras del mujeriego héroe, sin
que estemos obligados a tomarlo al pie de la letra. Jesús conocía las costumbres de
este ruin vulpino, de aquí que les recuerde a los apóstoles que las raposas, su otro
nombre en castellano, tienen madrigueras, pero que Él no tiene domicilio en
propiedad, donde reclinar la cabeza. Sabe que es un pequeño animal depredador,
más que por su poder, por su maldad innata, de aquí que cuando le hablen de
Herodes diga: Id a decir a ese zorro… (seguramente, el reyezuelo lo supo y lo
recordó cuando lo tuvo en su poder, de aquí su perverso y humillante
comportamiento. Y porque continuaba pensando igual, Jesús, no le dirigió la
palabra).
En el Cantar aparece marginalmente. Copiaré el fragmento para que se le vea en
el contexto (2,14 ss) Paloma mía, en las grietas de la roca, en escarpados
escondrijos, muéstrame tu semblante, déjame oír tu voz; porque tu voz es dulce y
gracioso tu semblante. “Cazadnos las raposas las pequeñas raposas que devastan
las viñas, pues, nuestras viñas están en flor”. Mi amado es para mí, y yo soy para
mi amado…”
En el éxtasis de su amor, cantan juntos una melodía popular que no viene a cuento.
O tal vez sí, y los animalitos enredones, sean los hermanos de ella, que se
entremeten en su pasión amorosa, sin perjudicarla demasiado.
De cualquier manera que se interprete, no debemos comportarnos nunca ante el
amor y feliz convivencia, como los zorros.