Comentarios que llegan al destinatario

P. Fernando Pascual

21-5-2017

 

Parecían dos buenos amigos. Un día, uno de ellos abre su corazón a varios conocidos. Expresa comentarios críticos hacia su amigo, sobre aspectos externos o sobre modos concretos de actuar.

 

Tarde o temprano, esos comentarios llegan al amigo criticado. Siente confusión, pena, quizá amargura. No esperaba esas críticas, por la espalda, de quien consideraba un buen amigo.

 

Cuando comentarios supuestamente ocultos llegan al destinatario, sobre todo si esos comentarios fueron pronunciados por el propio amigo, se producen heridas.

 

Es cierto que un comentario puede surgir a causa de un mal momento, o como un desahogo sin mayor importancia. ¿Quién no conoce algunos defectos o errores de sus amigos?

 

Pero también es cierto que uno esperaría de sus amigos la franqueza suficiente para decir las cosas de frente, y que no desearía escuchar, de segunda mano, alguna crítica lanzada al aire por el amigo.

 

Para evitar que un comentario nuestro hiera a un amigo, ayudaría establecer un buen control de nuestros pensamientos y de nuestra lengua, y una sana censura antes de lanzar al ruedo una queja, una denuncia, una condena sobre algún aspecto de nuestros amigos.

 

Ese control quedaría reforzado si planteamos esta sencilla pregunta: ¿qué pensaría, qué sentiría nuestro amigo si nuestro comentario crítico llegase a sus oídos?

 

Si la respuesta es que nuestro amigo podría sentirse traicionado, o simplemente herido en una amistad que consideraba franca y plena, valdría la pena mordernos la lengua antes de disparar una flecha que puede llegar muy lejos.

 

En cambio, si ese comentario resultaría de ayuda para el amigo, ¿por qué no tener la suficiente franqueza para decírselo directamente a él, con los mejores deseos de ayudarle a mejorar?

 

Un comentario ha llegado a su destinatario. La herida ha quedado abierta. Dos amigos necesitan, ahora, la medicina de la humildad. Uno, para ser más prudente y no dañar a su amigo. Otro, para perdonar y engrandecer el corazón con esa magnanimidad que supera la herida provocada por un comentario que ha llegado a su destino...