Llamar a las cosas por su nombre

P. Fernando Pascual

3-6-2017

 

Uno de los esfuerzos principales de grupos de poder, demagogos, ingenieros sociales y afines, consiste en impedir que las palabras reflejen la realidad, a través del uso y difusión de términos nuevos y confusos.

 

Así, por ejemplo, se habla de limpieza étnica para ocultar la masacre masiva de personas de otros grupos raciales o nacionales. O de interrupción voluntaria del embarazo para hablar del asesinato de un hijo en el seno materno. O de matrimonio paritario para incluir bajo el término matrimonio uniones humanas que no son matrimoniales.

 

Imaginemos, por un momento, cómo reaccionarían algunos grupos que protegen animales ante una ley que llevase como título “suspensión vital de animales de piel con fines de promoción del arte textil autóctono”. En cambio, ante otras leyes que hablan de “tutela de la maternidad” para encubrir el aborto, ¿por qué no se reacciona con la suficiente firmeza?

 

Uno de los requisitos fundamentales para un auténtico esfuerzo por defender los derechos de todos consiste en llamar a las cosas por su nombre y en evitar cualquier tipo de formulaciones que encubran la realidad a través del uso de manipulaciones más o menos sutiles.

 

Los engaños y las mentiras han sido y siguen siendo la principal arma de quienes buscan promover sus intereses y pisotear bienes fundamentales. Al revés, la sinceridad y la búsqueda de palabras precisas y claras son características básicas de quienes trabajan a favor de un mundo verdaderamente justo, acogedor, y orientado a la defensa de todos, especialmente de los más débiles y vulnerables.