Peregrinación-Peregrinos
Padre Pedrojosé
Ynaraja
Me
he referido en múltiples ocasiones a ello y con seguridad me repetiré hoy. No
lo lamento, sería orgullo por mi parte, creer que los lectores me leen siempre
y son los mismos, desde que empecé a escribir para publicaciones, que de esto
hace ya mucho tiempo.
Peregrinar
es una de las formas de santificarse. Benito Labre por la Vía Francigena. Guy de Larigaudie a Chartres. Domingo de
la Calzada, Juan de Ortega y Amaro, por el Camino de Compostela. Me he referido
a los que desde antiguo tengo noticia. En Vezelay se
estimula esta forma de santidad, poniendo una estatua de peregrino en un altar.
Que conste que pongo estatua y no imagen.
Egeria,
Francisco de Asís, Ignacio de Loyola, fuero peregrinos ilustres de Jerusalén.
Muchos de ellos escogieron esta forma de progresar, tratando de reformar su
vida, buscando mayor conocimiento de Jesucristo u ofreciendo a Dios las penas y
trabajos que suponía el viaje.
Hay
muchas metas, antaño, en la vieja Europa, destacaban además de Jerusalén
(palmeros) Roma (romeros) Compostela (concheiros), Mont Saint Michel, Le Puy, la Sainte
Baume… La visita a estos lugares, culminación de su
camino, estaba enriquecida por especiales indulgencias. Es tan grande el
aprecio que se le daba a esta práctica espiritual, que el que estaba impedido y
deseaba de alguna manera incorporarse al propósito, encargaba a otra persona
que lo hiciera en su nombre, tal Juana de Arco, que encomienda a su madre que
vaya a Le Puy, ya que ella no podía, estando como estaba comprometida en su
misión de salvar a Francia.
La
piedad puede ser popular y el peregrino un pordiosero, tal Benito Labre, o
aristocrática, tal la Sainte Baume,
donde además del pueblo, van Papas, Reyes y nobles. Puede iniciarse de antiguo
o ser reciente (Lourdes, La Salette, Fátima, Medjugorje). Puede subsistir el fervor o desaparecer como
tal y convertirse en puro interés turístico (Mont
Saint Michel).
Dado
que el turismo es un fenómeno social de reciente implantación como
acontecimiento que interesa a las masas, se adhiere a muchos de estos lugares y
en su entorno se edifican hoteles de lujo y las agencias de viajes los incluyen
en sus programas, no hay que olvidarlo.
Turismo
y peregrinación no se oponen, ni se confunden, pero pueden interferirse
mutuamente.
A
fuer de sinceros, hay que reconocer que el Camino de Santiago, su contenido
religioso, se conservó mejor por la Europa Occidental Central que en la
Península, donde, generalmente, se tuvo como algo folclórico y más
recientemente se ha considerado un itinerario de interés turístico, que algunos
lo recorren a plazos, o por etapas y, en algunos casos como simple actividad
deportiva.
Por
mi parte, reconozco que hace unos cincuenta años, encontré y pude comprar el
“Codex Calistinus” por primera vez en mi vida, en
Francia, en Vezelay concretamente y que ha sido en
este país, o por Italia, o los Países Bajos, por donde se han referido a él con
más devoción.
Algo
semejante a lo dicho respecto a Compostela, ocurre con Tierra Santa. En épocas
pasadas, quien se atrevía a viajar allí lo hacía con entusiasmo cristiano,
dando tiempo al tiempo, cosa que suponía una duración mínima de un mes, cuando
no tres. Se traía agua del Jordán pensando en familiares, objetos de olivo,
rosas de Jericó, etc. era el gran acontecimiento de su vida.
Debe
distinguirse, pues, la peregrinación, del viaje de turismo religioso, muy
correcto y respetable. Las posibilidades actuales, la rapidez del avión, los
hoteles y restaurantes, lo facilitan. Para el cristiano que acude a misa y
reza, es una experiencia reconfortante, el quinto evangelio, como ya es
aceptado llamarlo en lenguaje, no ya piadoso, sino pontificio incluso.
Hay
agencias de viajes que lo organizan muy bien y lo programan pensando en el
sentido cristiano que se debe dar a los desplazamientos y posibilidad de
asistir a actos litúrgicos y a la piadosa oración privada. Pero no todos, hay
que saber escoger.
Respecto
a Tierra Santa hay otro aspecto muy legítimo, es proponérselo y organizarlo
como viaje de estudios. Lo descubrí el año 1981 y en Ein-Karen.
Residíamos nosotros en el convento de la Custodia y al atardecer se nos unía un
grupo de gente adulta venidos de Valencia. Asistía una noche a una charla
interesante, impartida por el sacerdote que dirigía el grupo. Como simple
comentario, le pregunté a uno de los asistentes, porqué tenían que gastarse el
precio del viaje y la estancia, cuando podían escuchar aquella conferencia en
la misma población donde residían. Muy amable y acertadamente me contestó, que
su profesión era viajante de comercio, que tal responsabilidad no le permitía
dedicarse al estudio de la Biblia con tranquilidad. Aquí nadie me reclama
género, ni nadie me lo envía, me decía. Estoy fuera, de vacaciones, nadie me
inoportuna telefoneándome, no así en Valencia. Durante el día hemos visitado
los lugares que te he contado, ahora lo complementamos con lo que has oído. En
casa, ni los hijos, ni los negocios, nos permitirían hacerlo. Mi mujer y yo
estamos aprendiendo mucho estos días.