LANZA
DEL VASTO
Han pasado más de 50 años desde aquel
corto encuentro. Gente conocida insistió que debía conocerle. Me proporcionó
breves escritos de su autoría. Ni fotocopiadoras ni watsaps se habían
inventado. Por fin tuve la oportunidad de conocerlo. Me lo presentaron y fue
amable conmigo. La entrevista fue breve, debía iniciar su parlamento.
Lanza del Vasto era un hombre que
impresionaba por su talla y sus modales. Algo teatral y de notorio “grandeur”,
muy propio de las tierras francesas donde residía.
Pese a no haber sacado apuntes ni,
evidentemente, registrado en cinta, recuerdo muy bien el tema central de aquel
encuentro: la caridad.
Empezó hablando de amor, de las
cualidades y limitaciones de todo amor humano. Se centró e insistió después en
la caridad. Caridad es amor sin pizca de odio, ni siquiera antipatía, decía él.
Explicaba algunas situaciones de amor,
ahora no recuerdo más que un solo ejemplo. El soldado ama a su patria, está
dispuesto a defenderla y morir si es preciso, pero a los enemigos de su patria,
no los quiere igual. El amor del soldado no es caridad.
La caridad es el amor total sin pizca
de odio, ni siquiera antipatía.
Lanza del Vasto fue discípulo de
Gandhi que, según se decía, le envió a tierras occidentales y cristianas, a
difundir su radical doctrina de no violencia activa.
He meditado estos días su lección
sobre la caridad. Me he examinado. Reconozco que el Señor no diría de mí: he
aquí un cristiano integro sin mediocres entretelas, como dijo de Natanael. Al
rebuscar en mi interior, he encontrado el reverso de muchos de mis amores, que
se deslucen por aficiones desmesuradas o simpatías que ahora veo fueron
incómodas.
Abrumado por lo acontecido entre
nosotros estos días, no he podido olvidar la lección de Lanza del Vasto. Le
escucharon muchos por aquel entonces, se entusiasmaron y visitaron la
“ Communauté de l’Arche” por él fundada, en el cercano Languedoc. No
violencia, radical búsqueda de la paz, sin dejarse arrebatar ni por el odio, ni
siquiera por la rutina o la ambición. El trabajo nunca puede deshumanizar al
individuo, debe interrumpirse y darse uno también al silencio.
Vuelvo a insistir en lo escrito la
semana pasada: ¿qué se ha dejado de hacer por parte de los cristianos, para que
fueran imaginando primero, preparando después y poniendo en práctica más tarde
tales actos criminales?. En los actos multitudinarios había conmiseración, sí,
pero también antipatías y odios.
Siente uno nostalgia de caridad, que
no debería haber desaparecido. En un ambiente limpio, ventilado e iluminado por
el sol, difícilmente proliferan patógenos.
Sobran ideologías y manifiestos. Al
final de los tiempos seremos examinados de amor.
¿Cual hubiera sido la alocución de
Lanza del Vasto en medio de estas multitudes
congregadas por calles y plazas? ¿Qué dice a todo esto Jesús, mediante
sus profetas?
En la cultura cristiana de estos
pagos, más que líderes, faltan místicos, más que mitineros, faltan profetas y
hombres cabales e íntegros.