Naipes (y Biblia): cardos
Padre Pedrojosé Ynaraja
Advierto que la palabra cardo,
generalmente, no implica un vegetal específico, se refiere casi siempre a
plantas molestas, hierbajos sin ninguna utilidad, con abundantes pinchos en el
contorno de sus hojas. En el Texto Sagrado, con tal nombre, en la edición que llamamos
Biblia de Jerusalén, aparece 8 veces pero en otros lugares, como por ejemplo en
la cita del naipe que reproduzco, se pone zarzas.
Personalmente el único cardo que
reconozco e identifico específicamente es el que comíamos el día de Navidad.
Por aquel entonces, en la mesa de la gente rica había cochinillo y sopa de
almendras. Nosotros nos contentábamos con besugo y el susodicho cardo, que
compruebo ahora recibe el nombre científico de Cynara
cardunculus, que carece de espinas y es tierno y
sabroso, por lo tanto en nada se parece a los que estoy refiriéndome.
REQUESÓN Y QUESO
Cuando en la Biblia se mencionan
a los cardos, como en cualquier otro lugar, significa que se trata de un
terreno abandonado, molesto para caminar e imposible que a su lado germine y
crezca nada útil. Nunca me había entretenido en fijarme en ellos. Nunca hasta
que supe que algunos resultaban útiles en la elaboración de requesón y su
derivado el queso.
Abro paréntesis. La leche es un
coloide en equilibrio bastante inestable. A poco que varíe su pH se separan sus
componentes, precipitándose de inmediato algunos, caseína, lactosa, etc. Cuando
así ocurre decimos que se corta o más acertadamente que se cuaja. El componente
líquido, suero se llama con frecuencia, se mantiene en la superficie, el fondo
del recipiente lo ocupa una pasta blanca, estable y comestible: el requesón.
Salado y conservado adecuadamente, según técnicas y costumbres de cada lugar,
se convierte en queso. Las manipulaciones son tan diversas que en Francia,
lugar sin par de este apetitoso manjar, se dice que se elaboran más de 1000
clases y leo que España es el país de los 200 quesos. Hay una diferencia enorme
entre uno llamado de Burgos (queso fresco en otros lugares) y un Parnasiano.
Dicho sea de paso, la diferencia también está en los precios. Tienen alguna
semejanza otros productos derivados de la leche, consecuencia de la acción de
bacterias o levaduras, los más conocidos son el yogur y el kéfir.
Cierro el paréntesis. Parecería
que lo que acabo de explicar no tiene ninguna relación con la Biblia, que, por
más que quiera yo, no pega ni con cola, como se dice vulgarmente. Pues no es
así.
LA BIBLIA
Veamos: El pueblo de Israel,
descendiente del Patriarca Abraham, era de linaje beduino. De entre los rebaños
que conducía el patrón con sus zagales, sobresalía el ganado vacuno. Los
cuernos podrían convertirse en recipientes de aceite, para llevarse consigo por
los caminos o para ungir ritualmente. La piel en techo de la jaima y abrigo del cuerpo. La carne rico alimento. Ahora
bien, para aprovechar estos productos, se requería sacrificar el animal, que se
hacía muy de tarde en tarde. Diariamente, cuando las terneras o los novillos,
ya no precisaban lactancia materna y se apartaban, yendo a su aire, continuaba
el pastor ordeñando la leche de las vacas. Es tan evidente el fenómeno que de
la Tierra Prometida se dirá que mana leche y miel, expresando con ello la
riqueza de sus pastos y la dulzura de la miel y de sus dátiles.
CUAJO
Pese al buen alimento que supone
la leche y su apetecible sabor, evidentemente, no se consumiría toda
diariamente y de inmediato, en el seno familiar, de aquí que se sometiera para
su mejor conservación a coagulación. Puede mudar la leche y cuajar
espontáneamente, por la simple exposición a la intemperie, pero se puede
provocar y conseguir con mayor rapidez, añadiéndole el cuajo. El producto
procede de las paredes de uno de los estómagos de los rumiantes, pero
evidentemente supone el sacrificio del animal. También se consigue por la
acción de ciertos vegetales. Y a eso iba. Guardar cuajada al abrigo del
excesivo calor en un rincón de la jaima, facilitaba
el obsequio al visitante, signo este de elegante hospitalidad.
TRES PERSONAJES
En un momento dado, cuando el
calor veraniego abrasa en el lugar santo de Mambré.
El Patriarca Abraham, que descansaba a la sombra, ve acercarse a tres
personajes, que trata en singular, misterio todavía no resuelto del todo.
Quiere obsequiarles, ya que pasan junto a su hogar. Lo expresará ofreciendo lo
mejor que tiene un pastor: ternero, pan cocido a la piedra y cuajada. No me voy
a entretener, quería recordar que en el sublime encuentro que tan bien plasma
el icono de la Trinidad del Antiguo Testamento, en aquella sagrada mesa, hay
cuajada. (Advierto que no en todos).
PLUMERO DE CARDO
Sabía que por muchos lugares
crece, como mala hierba, un cardo cuyo plumero seco es precisamente una de las
tantas substancias que provocan la cuajada de la leche. He salido a buscarlo,
ha resultado un tanto difícil encontrarlo. El verano ya pasó, pero en la alta
montaña, he conseguido encontrar algunas plantas. He procedido como mandan los
cánones.
Véase una flor en sus mejores
momentos. Otra ya seca. Los “pelitos” secos a punto de mezclarlos con leche. En
otra foto requesón, que después de fotografiarlo me lo he comido con deleite,
es manjar de Mesías, según el profeta (Isaías 7,15"Comerá cuajada y
miel…).
Cuando vayas por malos caminos,
viajero amigo, y entre ortigas y zarzas veas cardos que te parecen son dañinos,
no te enojes, por ignotos rincones rurales utilizan los tales para elaborar,
requesón, cuajada, queso.
EN LA BIBLIA
Acabo señalando los pasajes donde
aparece el cardo. Siempre señal de mal terreno o pena que acontecerá por mal
comportamiento.
(Os 10,8). Serán destruidos los
altos de Aven, el pecado de Israel. Espinas y zarzas
treparán por sus altares. Dirán entonces a los montes: « ¡Cubridnos! » y a las
colinas: « ¡Caed sobre nosotros! (la que aparece en el naipe)
(Is
34,13) En sus alcázares crecerán espinos, ortigas y cardos en sus fortalezas;
será morada de chacales y dominio de avestruces. Los gatos salvajes se juntarán
con hienas y un sátiro llamará al otro; también allí reposará Lilit y en él encontrará descanso. (De Lilit
tendré que volver a hablar otro día)
(Jc
8,7). Gedeón les respondió: « Bien; cuando Yahveh haya entregado en mis manos a
Zébaj y a Salmunná, os
desgarraré las carnes con espinas del desierto y con cardos. »
(Jc 8,
16) Tomó entonces a los ancianos de la ciudad y cogiendo espinas del desierto y
cardos, desgarró a los hombres de Sukkot.
(Jr 4,
3) Porque así dice Yahveh al hombre de Judá y a Jerusalén: - Cultivad el
barbecho y no sembréis sobre cardos.
(Pr 24, 31) y estaba todo
invadido de ortigas, los cardos cubrían el suelo, la cerca de piedras estaba
derruida.
(2 Cro
25 18) Pero Joás, rey de Israel, mandó decir a Amasías, rey de Judá: « El cardo del Líbano mandó a decir
al cedro del Líbano: Dame tu hija para mujer de mi hijo. Pero las bestias
salvajes del Líbano pasaron y pisotearon el cardo.
(2 Re 14, 9). Joás,
rey de Israel, mandó a decir a Amasías, rey de Judá:
« El cardo del Líbano mandó a decir al cedro del Líbano: Dame tu hija para
mujer de mi hijo; pero las bestias salvajes del Líbano pasaron y pisotearon el
cardo.
((Mi 7, 4) Su bondad es como cardo, peor que un zarzal su rectitud. ¡El día de tus centinelas, tu visita ha llegado! ¡Ahora será su consternación!