Dos pesos y dos medidas

P. Fernando Pascual

10-8-2018

 

Una de las experiencias más duras en la vida humana es constatar cómo tantas personas, en la familia, en la vida social, incluso a nivel internacional, aplican dos pesos y dos medidas con un arbitrarismo sorprendente.

 

Unos policías patrullan en un parque. Interpelan duramente a un vendedor ambulante de globos. Evitan los senderos donde se vende ilegalmente droga (esto se basa en un hecho real...).

 

Unos parlamentarios denuncian duramente los casos de corrupción de políticos del otro partido. Guardan un silencio sepulcral ante los casos de corrupción de miembros del propio partido.

 

En familia, uno acusa duramente a otro porque nunca ayuda en las necesidades de la abuela. Pero no dice nada cuando otro trata duramente al abuelo.

 

Un moderador en un foro o un blog recrimina con firmeza los insultos emitidos por uno de los participantes, mientras deja espacio libre a otro que actúa como elefante en una joyería con total impunidad.

 

Cuando uno presencia hechos así (y la lista es enorme), o los sufre en carne propia, siente surgir en su corazón un fuego y un impulso por denunciar la injusticia, por reprochar duramente a quienes comenten tantas arbitrariedades.

 

Pero convendría de vez en cuando mirarnos al espejo para analizar si no hay ocasiones en las que incurrimos en esos comportamientos injustos.

 

Quizá entonces descubriríamos que a veces sonreímos benévolamente ante los "deslices" de un amigo mientras aplicamos una condena inflexible ante "errores" parecidos de quien no es tan amigo...

 

Recordamos, así, las palabras del Evangelio: "Porque con la medida con que midáis se os medirá" (Lc 6,38). Si nuestra medida es la del favoritismo, la envidia, la sed de venganza, nuestro juicio será realmente terrible.

 

En cambio, si aprendemos a buscar modos correctos de ver y juzgar lo que ocurre a nuestro alrededor, condenaremos todas, todas, las injusticias, las cometa quien las cometa, y buscaremos caminos concretos para promover un trato equitativo entre quienes viven cerca o lejos de nosotros.