EL ARTE DE AMAR

 

Revolviendo en un estante me encontré con un libro ya cargado de años de edición pero, sin duda, aún vigente en su temática.

El autor del libro va adentrándose con claridad y certeza en la descripción de lo que hace a la temática de su libro.

El amor es, sin duda, una experiencia muy particular e individual puesto que dice de nuestra condición de persona.

Cada ser humano vive el amor de diversas maneras.

Así como cada uno carga con su originalidad también cada uno vive al amor desde su identidad particular.

El amor es, siempre, un salir de uno mismo para permitir que alguien se adentre en su vida progresivamente.

El amor se nutre de pequeños detalles y se expresa de igual manera.

El amor nunca avasalla ni crea sentimientos de propiedad. Siempre es respeto por y hacia el otro.

El amor es un algo que irrumpe en nuestra vida sin lógica ni explicación alguna.

El amor es simpatía y  admiración que desborda en el interior de quien lo experimenta.

Esa simpatía y admiración se hace conocimiento, reconocimiento y aceptación.

No se ama con el propósito de modificar al otro sino que se le acepta tal como es.

El amor busca despertar en el otro la mejor de sus sonrisas.

Cada gesto del otro se transforma en una delicada caricia al alma de quien lo recibe.

Una sonrisa que se brinda, un abrazo que se regala, una caricia que se obsequia no son otra cosa que inmensas palabras colmadas de amor y entrega.

El amor es un proceso donde el otro se va volviendo siempre un algo más especial y donde uno se descubre queriéndole mucho más.

El amor no duda en robar imágenes del otro y guardarlas para atesorarlas como inmensos obsequios.

El amor disfruta de las renuncias de “lo mío” para que vaya adquiriendo más dimensión “lo nuestro”.

El amor siempre busca de tiempo para compartir lo que se es.

Nadie es tan pobre como para no tener riquezas para brindar y capacidad de aceptación.

Si alguna vez queremos mirar un ser con una inmensa capacidad de amor podemos mirar la persona de Jesús.

El amor en Jesús es una postura de vida y una razón de acción.

Nada de lo suyo está desprovisto de amor.

Ama a cada ser como si fuese el único importante en su vida.

A cada uno le hace saber que le ama porque ha vivido para ayudar a que cada uno se realice como persona.

Para cada uno tiene la cercanía suficiente como para hacerle saber lo mucho que le importa.

Hoy nos sigue haciendo saber su amor por cada uno y ello es una experiencia vital e intransferible.

Hoy podemos experimentar nos toma de la mano y camina con nosotros pero antes nos obsequió su inmensa sonrisa dulce.

Encontrarse con Jesús es vivir una experiencia de amor para prolongarla a los demás.

Es una experiencia que nos hace sentir plenos como personas y con la necesidad de compartirlo con alguien más.

Por ello es que el arte de amar encuentra en Jesús su mayor exponente y os hace saber es posible y vale la pena intentarlo.

 

Padre Martin Ponce de Leon SDB