DISCÍPULOS

 

Cuando uno lee la lista, según los relatos evangélicos, de los nombres de “los apóstoles” sabe está leyendo mucho más que una simple enumeración de nombres.

Está leyendo la declaración de que con Jesús comienza un nuevo “pueblo de Dios” construido sobre  los apóstoles como cabezas de las nuevas tribus de Israel.

Eran doce tribus y ahora son doce personas puesto que todo lo de Jesús se apoya en las personas bien concretas.

Al leer esa lista uno se encuentra con grupo muy diverso de realidades personales.

Todos y cada uno de ellos con su originalidad y sus diferencias.

Es que el nuevo pueblo instaurado desde Jesús no pretende la uniformidad sino la unidad desde las diferencias.

Hay algunos que habían sido discípulos de Juan el Bautista y, por lo tanto, creyentes en su mensaje apocalíptico.

Está aquel que tenía ideas drásticas sobre la situación y su posible salida. Su celo por todo lo del templo le llevaba a posturas drásticas y violentas.

No faltaba aquel que le habría de traicionar renegando de su conocerle o de cualquier vinculación con Jesús.

Había uno que había pertenecido a lo más despreciable para el pueblo de Israel. Había sido un colaborador con el sistema causante de la trágica situación de pobreza que se vivía mediante el cobro de abusivos impuestos.

Estaba, también, aquel que habría de decidir por Jesús y por Dios.

No era un grupo de seres perfectos ya que cada uno cargaba con una historia personal que los condicionaba.

Es que Jesús no elige a los perfectos sino a los necesitados porque condicionados por su historia particular.

Quizás esta no haya sido la única lista de los elegidos por Jesús como apóstoles. Pero es suficiente para los intereses de los relatos evangélicos.

Heterogeneidad, debilidad y fragilidad hacen de aquel grupo un algo con el que nos podemos identificar.

Si Jesús hubiese querido optar por una nómina de seres perfectos aquella lista sería muy distinta y con muy pocos nombres. Tan pocos que, tal vez, no tuviese nombres posibles.

Jesús no se vale de perfectos sino de seres tan limitados como podemos serlo cada uno de nosotros.

A los discípulos les va a costar tiempo el pasar de Jesús a Cristo. Jesucristo será el resultado de un largo tiempo de reflexión y maduración.

Al comienzo serán testigos de una experiencia personal de encuentro y convivencia.

Cuando Jesús los envía saldrán a dar testimonio de lo que han visto y oído sin que ello tenga mucho de reflexión o de teología.

Esa es la misión de los discípulos de Jesús. Compartir una experiencia personal de encuentro y deslumbramiento.

Los apóstoles, en este sentido, contaban con la ventaja de haber recibido algunas enseñanzas especiales que Jesús solía brindarles en charlas especiales con ellos.

Pero esas charlas no les ayudaban a comprender cabalmente a la persona de Jesús puesto aún faltaba un trozo importante de historia por realizarse.

Necesario será vivir la Pascua de Jesús y al “Espíritu consolador” para poder entenderlo en plenitud.

Cada uno de nosotros, hoy, está llamado a compartir la experiencia de encuentro y convivencia puesto que estamos llamados a ser discípulos.

 

Padre Martin Ponce de León SDB