RECUERDOS

 

Hace mucho tiempo mirábamos algunas series televisivas y nos decíamos que lo allí narrado era bien de película y nada de ello habría de suceder entre nosotros.

Uno de los argumentos que nos aseguraban la improbable presencia de aquel mundo que nos mostraban las series era el hecho de que como tenemos una población escasa todo se podría terminar antes de que comenzase a crecer y expandirse.

Al poco tiempo de comenzar a escribir para Diario Cambio (década del 80) redacté con el primer joven que conocí que utilizaba droga u artículo sobre el tema.

Varios comentarios criticaban mi artículo porque “agitaba fantasmas inexistentes”.

Poco tiempo después el jefe de policía del momento realizó un operativo que puso de manifiesta que la realidad de la droga ya era una presencia que estaba para no retirarse.

Tiempo después, estando en Montevideo, viví diversas situaciones que me hacían saber que la droga era una inocultable realidad y estaba en diversos lugares del barrio.

Claro, era un barrio de la periferia y, por lo tanto, era justificable la presencia abundante de la misma. (Iluso de mí)

No faltó mucho tiempo para que el padre de unos jóvenes que colaboraban en actividades de la parroquia fuese detenido por dedicarse a la venta de estupefacientes. El barrio no era justificativo de una presencia en los más diversos extractos de la sociedad.

Algo de aquellas series televisivas ya eran una realidad imposible de detener y evitar su expansión.

Solamente faltaba llegasen los denominados ajustes de cuentas y hoy han llegado.

¿Cuántas vidas se han perdido a raíz de los denominados ajustes de cuentas?

Sin duda jamás vamos a tener una cifra concreta de tal  práctica.

Recordar esto me lleva a pensar que la ficción jamás supera a la realidad en algunos campos de actuación. La realidad se toma más tiempo para hacerse pública y evidente.

Muchas veces la ficción no hace otra cosa que modificar algunos aspectos de la realidad pero se inspira en ella.

Frente a ello uno siente nacer en su interior la necesidad de hacer algo.

Debería ser algo urgente y eficaz. Parecería tal cosa no existe.

Debería ser algo contundente y determinante. No es posible encontrar tal cosa.

Existen una serie de frases hechas que nos llevan a mirar en otra dirección o a quedarnos de brazos cruzados.

“Es un tema de educación que debe ser abordado por las familias”

“Es un algo muy complejo como para poder hacer algo para revertirlo”

“El tema debe ser abordado por los planes educativos”

“Hay que reprimir con más vehemencia para cerrar bocas”

“Jamás se va poder controlar puesto que hay muchos intereses económicos en juego”

“Mientras el combate apunte al “chiquitaje  y no a los “grandes” jamás se logrará nada”

Podría continuar con frases por el estilo y que, tal vez, usted escuchó y que no hacen otra cosa que convencernos que preguntarnos qué podemos hacer es una pérdida de tiempo.

Sin duda que tal problema responde a un momento concreto de esta sociedad de la que somos parte.

Nos guste o no esta sociedad es la que hemos ido gestando y cada uno de nosotros somos responsables.

No apareció de la noche a la mañana. Exigió un largo proceso que se fue dando junto a nosotros y, por lo tanto, no nos es ajeno.

Todos somos responsables y, por ello, debemos hacer algo y de nada sirve quedarse en recuerdos de un tiempo donde todo era producto de series televisivas que gustábamos consumir.

 

Padre Martin Ponce de Leon SDB