TOMÓ
LA INICIATIVA
En oportunidades los
relatos evangélicos nos muestran a Jesús tomando la iniciativa e invitándose
para ir a alguna casa.
Creo que este tiempo debe
comenzar con esa certeza.
Jesús, pronunciando nuestro
nombre, nos dice que, para Navidad, se habrá de alojarse en nuestra casa.
Su sola invitación nos
llena de ansiedad e inquietud hecha prisa.
Debemos ponernos en
movimiento para recibirle de la mejor manera. Que se encuentre a gusto, que se
sepa bien recibido.
Sabemos tenemos tiempo
pero, también, que el tiempo pasa de prisa pues no se detiene.
Sabemos que no podemos
hacer todo de un día para otro, pero, también, no podemos dejar todo para
último momento.
Debemos comenzar ya.
Es nada menos que Jesús el
que desea alojarse en nuestra casa.
Lo primero será pensar en
la piza que pondremos a su disposición para que se aloje.
Podríamos darle nuestra
pieza más grande pero la misma da a la calle y esos días son de mucho
movimiento y no descasará bien.
Entonces…. ¿qué pieza habremos
de darle? Todas las piezas necesitan algún retoque.
Le daremos la más luminosa
pues con una gran ventana que puede abrir y recibir mucho aire y sol.
Una y más veces miraremos
la pieza hasta en sus mínimos detalles para que nada desentone o pueda no
agradarle.
En esa mirada descubrimos
alguna mancha en la pintura y algún espacio de revoque en mal estado.
Nos decidiremos a pintarla
con prisa para que no haya olor a pintura y deberemos arreglar ese trozo de
revoque caído.
Pero, también, prestaremos
atención a los pequeños detalles.
Pondremos el mejor colchón
que tenemos en casa y colocaremos sábanas lavadas y enjuagadas con un poco de
perfume.
Todo debe ser lo mejor que
está a nuestro alcance porque sabemos quién es la visita que habremos de
recibir.
Sobradamente sabemos no le
haría gracia nos pusiésemos a realizar gastos extraordinarios puesto quiere
llegar a nuestra casa tal como la misma es.
Ordenada, limpia pero con
lo nuestro. Con nuestras cosas de cada día.
Siempre encontraremos algo
para ordenar o limpiar. Siempre encontraremos algo para mejorar para recibir
tal visita.
Este tiempo de adviento que
hemos comenzado no es otra cosa que arreglar nuestro interior para que Él se
aloje en nosotros.
Es tiempo de repasar
nuestros sentimientos, nuestras acciones, nuestros pensamientos y nuestro decir
para acomodar todo para que Él encuentre lo mejor y se encuentre a gusto en
nosotros.
Es tiempo de limpiar,
corregir o acomodar nuestro interior para recibirle dignamente.
No es un tiempo para
quedarnos de brazos cruzados esperando llegase a aparecer nuestra casa ni un
tiempo para decirnos ya tenemos todo preparado.
Siempre hay mucho para
hacer.
Su alojarse en nosotros es
una realidad propia de cada Navidad.
Su prepararnos para
recibirle y atenderle dignamente es el adviento que hemos comenzado.
Tomó la iniciativa y no
podemos no estar acordes a tal visita.
Padre Martin Ponce de Leon SDB