Arles y las reliquias

Padre Pedrojosé Ynaraja

La semana pasada olvidó seguramente el director, intercalar en el texto del reportaje la fotografía del altar de N. D. de Tout Pouvoir (Nuestra Señora Poderosa) y me detengo brevemente hoy en ello, porque estos días ha difundido la prensa la fotografía de unos artefactos capaces de recibir donativos en las iglesias, mediante tarjeta de crédito o teléfono móvil, preparado para efectuar pagos.

Soy el primero en llevar en mis bolsillos muy poco dinero, casi siempre alguna moneda metálica que preciso para servirme de los carritos de los hipermercados. Simplifica muchas cosas. A mí, por ejemplo, me exige plantearme si es lícito comprar una cosa que no me es necesaria de momento. Examinarme a mí mismo si hacerlo es operación cristiana, cosa que uno olvida si lleva papel moneda motivo por el cual, generalmente, su única preocupación es si tendrá suficiente para adquirir lo que le está tentando. Pero en otros momentos, quisiera uno ser generoso, ahora bien, no dispone de fondos, así que una tal máquina facilitará la generosidad, o al menos exigirá al que entra en un templo, que se interrogue sinceramente sobre lo que debe hacer.

NUESTRA SEÑORA DE TODO EL PODER

Por otra parte, el abusivo uso de mensajes WhatsApp, va atrofiando la capacidad humana de comunicación personal, con cierta profundidad. Y pienso yo, que también mengua, el fervor de la oración. Vuelvo a la iglesia de Avignon. Tomar un papelito, pensar primero religiosamente qué pondrá en él y escribirlo, da algo más de hondura a la comunicación espiritual. Tal vez sería preferible poner una urna transparente, semejante a las que se usan en las votaciones. Espero que la fotografía del altar al que me estoy refiriendo, aparezca hoy, pese a que el altar no esté en la iglesia de Arles de la que voy a escribir.

RECORRIDO

Y ya que me he referido a dos lugares, daré una breve explicación respecto al último viaje del que hago referencia últimamente. Su duración fue de 35 horas, el desplazamiento supuso unos 1000km. Constreñido en tales dimensiones, debía escoger lo que interesaba visitar, renunciando a otras cosas, por interesantes que pudieran ser. Que yo me desplace 428km para visitar la iglesia de la Provenza que guarda memoria de la intercesión de Santa Marta, la hospedera del Señor, tal proceder es tan legítimo como el de quien recorre un centenar con la intención de traerse a casa una cesta de setas o para gustar en un afamado restaurante un sabroso conejo asado al ajillo, como tantos hacen.

Visitar una iglesia supone contemplar una preciada obra arquitectónica, preguntarse las intenciones que tuvieron los que facilitaron la construcción, el depósito simbólico de Fe que en ellas se guarda, dedicar un momento siquiera a la oración, observar el lugar a través del objetivo de la máquina, escoger el enfoque y encuadrar el tema. Fotografiar, no se olvide, es ver un lugar dos veces y gustar en otros momento de casi los mismo goces que recrearon su estancia, por corta que haya podido ser. Y compartir a la vuelta con otras personas la riqueza espiritual que supuso.

Siempre que viajo recuerdo a la peregrina Egeria, primera cristiana que en un lenguaje vulgar y sin pretensiones literarias, escribió un relato peregrino, recordando a sus señoras amigas y dedicándoles por escrito sus impresiones. En mi caso, en vez de escritos en pergamino, son archivos digitales, capaces de convertirse en imágenes fotográficas en cualquier momento.

¡POR FIN…ARLES!

¡Dios mío que preámbulo! Pues, no me importa, que la descripción de internas experiencias también puede ser reportaje espiritual.

Había estado en Arles en otras ocasiones. Sabía la importancia que tenía la población para los antiguos peregrinos compostelanos, que se desviaban de su ruta para visitar los Alyscamps, antigua necrópolis pagana, que más tarde lo fue también cristiana y ahora declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. El nombre es una corrupción de la expresión latina Elisii Campi (los Campos Elíseos). Esta vez no fue posible llegar a este lugar y las fotografías que en otro viaje saque se han totalmente descolorido. Advierto también que, según leo, los mejores sarcófagos se han depositado actualmente en un museo. La necrópolis se convirtió en una etapa obligada del peregrinaje y las canciones de gesta no faltaron para situar allí los combates de Carlomagno contra los sarracenos, para explicar la abundancia de las tumbas.  A este lugar se refiere Ariosto en Orlando Furioso y Dante en el Infierno de la Divina Comedia.

SAN TROFINO Y LAS RELIQUIAS

 Pese a la importancia del cementerio al que hasta ahora me he referido, lo que más me interesaba era la catedral de San Trofino y en especial su precioso pórtico. Quedé sorprendido nada más verla al comprobar que lo que yo recordaba oscurecido por el humo y alterado por la intemperie, había sido restaurado y lucía su belleza y contenido catequético con gran detalle.

En el interior destaco la capilla de las reliquias, porque hoy, entre nosotros, resulta ser exótico, cuando en otros tiempos fueron el más precioso tesoro de cada templo. Catedrales, abadías y santuarios, se preciaban de conservarlas. En la Península también proliferaban, pero desaparecieron durante la guerra civil, quemadas por los ejércitos que profanaron las iglesias incendiándolas.

CAPILLA DE LAS RELIQUIAS

En este caso, que no sufrió tal guerra, en Arlés, se han conservado. El espacio está explicado por un muy visible letrero con la siguiente nota, muy visible: CAPILLA DE LAS RELIQUIAS. Las reliquias son lo que queda de una persona honorada como santa. Elementos corporales, objeto que les haya pertenecido… El culto rendido a las reliquias, el que se dirige a los santos, es un culto de VENERACIÖN, de respeto e intercesión. Este culto se remonta a los mártires de los primeros siglos. Sobre sus TUMBAS se reunían a rezar y celebrar misa. Actualmente, todavía, las misas se celebran en el ALTAR, esta piedra de sacrificio, Cristo que se ofrece al Padre. En cada altar se encuentran reliquias de santos que han dado su vida por amor y fidelidad a Cristo. (Advierto que desde las disposiciones del Vaticano II, no es preciso que estén) Alumbrando la capilla, podremos contemplar numerosas reliquias, entre las cuales se destacan las de San Esteban, primer patrón de esta iglesia y de San Trofino, patrón actual de la primada. Podemos dedicar un tiempo de silencio a la veneración. Confiemos a los santos nuestras regiones, nuestras ciudades y familias. Que ellos las protejan y las presenten a Dios.