INHOSPITA
NOCHE
Tal vez debido a la lluvia
todos habían llegado temprano.
Podía aprovechar e irme,
también yo, temprano a la cama.
Antes de retirarme para
acostarme, recorrí puertas y ventanas. Todo debía quedar bien cerrado.
El sueño no tardó en
hacerse presente. Apagué la luz del dormitorio y me dispuse a dormir.
No sé si logré dormir o
estaba en esa zona de sueños despiertos cuando el timbre suena con estridencia
dos veces seguidas.
Miro el reloj, son cerca de
las diez de la noche.
Llovía con abundancia y
serenidad.
Vuelve a sonar el timbre.
Pienso en quién puede ser a esa hora puesto que los que debían venir ya habían
llegado.
Me visto de prisa y salgo a
atender. Un joven cubierto con un casco y una persona mayor completamente
mojado.
El joven es quien tiene la
palabra. El hombre mayor se limita a estar bajo la lluvia.
Me plantea la situación del
hombre y me pide si le autorizo a dormir bajo el alero del frente del templo.
Le explico que ese no es un
lugar seguro puesto que donde el viento cambie un poco allí no tendrá lugar
donde refugiarse y no tengo nada para ofrecerle para que se cubra.
Me dice que eso no era
problema puesto que él iba hasta su casa y traía algo para prestarle.
Lo hago pasar y lo llevo
hasta donde quería pasar la noche.
El frente del templo es un
alero de unos seis metros de largo por tres de alto. En la noche parecía más
grande y ofrecía ningún lugar de reparo puesto que las dos columnas existentes
tienen muy pocos centímetros de espesor.
La lluvia caía vertical
pero, era evidente que un poco de viento haría que todo el frente se quedase
empapado.
Ahora estaba seco pero
nadie podía garantizar fuese a quedar así.
El hombre me dijo iba a
esperar le trajesen algo para taparse. Debido a la mojadura que tenía temblaba
de frío.
La casa donde iba a buscar
algo queda a dos cuadras del templo.
Pasados quince minutos voy
a mirar si le han traído algo y me dice que aún no llegó la prometida ayuda.
El hombre se encontraba de
pié junto a la puerta del templo. Me pregunta dónde se puede acostar y trato de
decirle lo inhóspito del lugar ya que es imposible predecir que va a continuar
lloviendo como lo está haciendo.
Busca un rincón y se
acuesta.
Me doy cuenta es una
persona que no está acostumbrada a estar en la calle porque trata de utilizar
la pared vertical como almohada.
Por las dudas que
apareciese el joven con algo espero un buen rato. Cada vez que miro al hombre
tratando de acomodarse me convenzo no habrá de llegar la prometida ayuda puesto
que ya cumplió buscándole una solución.
Le invito a levantarse y
pasar. Le acompaño hasta donde duermen los otros. Allí le improvisamos una cama
y se ubica.
Ahora sí se encuentra en un
lugar seguro y seco donde podrá dormir sobre un colchón.
Como a las tres de la
madrugada el viento y la lluvia me despiertan y mi primer pensamiento es para
con aquel hombre que no quedó en el frente sino que pese a la inhóspita noche
duerme en un lugar seguro y seco.
Padre
Martin Ponce de Leon SDB