Martirologio Romano (y 3)

 

Padre Pedrojosé Ynaraja

 

Acabaré hoy mis comentarios a este libro que, dicho sea de paso y gracias a Dios, cada mes se torna incompleto o anticuado, ya que las virtudes de nuevos cristianos fallecidos son reconocidas por la Iglesia y deberían aumentar sus páginas.

 

He asistido a algunas ceremonias de canonización en Roma. El protocolo es el siguiente: alguien solicita al Papa que el nombre de una determinada persona sea inscrito en el álbum de los santos. Se recuerdan brevemente los motivos. Se presenta su relicario, se ofrecen dones. Supongo que llevar al altar las reliquias, no es indispensable. Pienso que últimamente se ha proclamado la santidad de muchas personas que perecieron en las cámaras de gas y sus cuerpos fueron anónimamente incinerados. Su cuerpo físico sí destruyeron, el que podría proporcionar los residuos de ritual, pero no hay que olvidar que, como dice San Pablo, se siembra un cuerpo natural, resucita un cuerpo espiritual. (I Cor 15,44).

 

JUANA DE ARCO

 

En ciertos casos el proceso sigue rumbos curiosos. Estoy pensando en Juana de Arco, la jovencita francesa condenada por un tribunal eclesiástico, presidido por un obispo y entregada al “brazo secular” para que pereciese en la hoguera. Tamaña injusticia quiso corregirse y a los 4 años de su muerte se inició un proceso de rehabilitación que acabó absolviéndola de los falsos delitos que habían sido la causa de su condena. Se detuvo la burocracia, evidentemente, sin que se diera un paso hacia delante. Se reconocía implícitamente su santidad, pero no se la definía. Esto ocurría poco tiempo después de 1431, año de su muerte. En el ínterin por ejemplo, Santa Teresa de Lisieux demostró por ella un gran aprecio, simpatía y la invocó fervorosamente. Le dedicó una poesía y se disfrazó de Juana, para una representación teatral durante el noviciado. Pues bien, murió la carmelita en 1897 y no fue beatificada la Doncella de Orleans hasta 1909 y canonizada en 1920. De alguna manera y en su interior, Teresa le tributaba veneración de santidad.

 

EL CURA DE ARS

 

Otro caso curioso fue también la devoción que por Santa Filomena sentía el Cura de Ars y que a ella le atribuía el mérito de sus milagros. Que existiera Filomena, nadie puede negarlo, ahora bien, en las catacumbas se encontró un nicho con este nombre y a ella se le asigno el cuerpo que reposaba en tal tumba y era en ella en quien pensaba Juan María Vianney. Años después se descubrió que la lápida había sido cambiada de sitio ¿por intercesión de quien se obraban los milagros?

 

LISTA DE REYES

 

Cambio de tercio. Durante mis estudios de bachillerato me tocó aprender los nombres de los gobernantes, la lista de los reyes godos y de las dinastías de los Austria y los borbones, por poner un ejemplo, que hubo muchos más. Recordar las batallas con sus vencedores y vencidos. Los testamentos que a la muerte de un rey repartía territorios, creando naciones y nombrando soberanos. Debíamos saber la situación y límites de los estados y sus capitales etc. etc.

 

Reyes y dinastías, victorias y derrotas, condados y virreinatos ¿se conservan todavía? ¿qué valor tuvieron? Jorge Manrique recordaría: “Los Infantes de Aragón,/ ¿qué se fizieron? / ¿Qué fue de tanto galán? / ¿Qué de tanta invención / que truxieron?” (Coplas por la muerte de su padre).

 

TERRITORIOS

 

Ahora bien, leyendo el Martirologio uno descubre que si los territorios han podido cambiar de nombre, extensión y dominio, no pasa nada. Tampoco nadie puede asegurar que en el futuro cambien de nuevo. Pero la santidad, no, la santidad, como el oro, conserva inmutable y perenne su valor. ¿Dónde estuvo la Lotaringia? Piensa uno. ¿a quién le preocupa ahora?

 

Para los que vivimos en la cuenca mediterránea y por poco que hayamos viajado, al leer el Martirologio, tenemos una singular sorpresa. Recordamos ciudades y paisajes, nos suenan los nombres de monumentos, costumbres y hasta de los platos típicos que gustamos cuando por allí pasamos, pero comprobamos que nadie nos explicó los santos que en aquel territorio nacieron, vivieron o murieron. Me he referido al Mediterráneo porque una buena parte de los inscritos en el libro por él se movieron.

 

No sé si muchos lectores habrán pasado por la experiencia de ver de lejos una fotografía y al acercarse para observarla mejor, comprobar que en realidad es una holografía. No es que la primera visión fuera falsa, lo que pasa es que encerraba una tecnología que, al aproximarnos, enriquecía sumamente la visión. Algo así pasa cuando se va leyendo el Martirologio. La geografía que ha estudiado, o que se ha pateado y cree bien conocer, se le ilumina con el relieve testimonial de los santos. Comprende entonces que la autenticidad del lugar es mucho más rica.Y arriba una foto de la Iglesia de Notre Dame, en Tierra Santa.

 

PROGRAMACIÓN

 

Para acabar que, como ya advertí, la redacción de las breves biografías tiene diversos orígenes, múltiples estilos y diferentes intereses. El método de redacción y el vocabulario no obedecen a únicos criterio. Dicho de otra manera nosotros que estamos acostumbrados a que los datos se nos muestren encasillados y los contenidos obedezcan a las mismas normas, que pueden anotarse en un programa de base de datos, descubrimos que en este catálogo no ocurre así. Nadie sería capaz de encerrar en un tal programa, las páginas del Martirologio. Tal característica desconcierta, molesta o divierte, según sea el humor y estado de ánimo del lector.

 

Advierto que sin gasto alguno, se puede consultar el libro al que me he venido refiriendo, acudiendo a Google y simplemente poniendo: Martirologio Romano on line. Sale de inmediato el archivo y uno solo debe limitarse a escoger la página o la fecha, que le interese enterarse o consultar.