CHARLANDO CON VOS

 

Yo sé que puedo pecar por abuso de confianza pero............

Sé que ello no es otra cosa que un producto de tu gratificante cercanía.

Por suerte es posible hablar con vos con total confianza y tranquilidad.

Es posible formularte esas mil locas preguntas que, muchas veces, pasan por nosotros producto de la vida y sus avatares y el hecho de hacer tal cosa lejos de incomodarte resulta de tu agrado.

No eres uno de esos “intocables” que creen que cualquier tipo de cuestionamientos son hechos como una forma de agredir a su persona y, por lo tanto, no los aceptan y se molestan con tal cosa.

No eres uno de esos “intocables” que rechazan cualquier tipo de cuestionamientos porque sobradamente saben que no poseen respuestas válidas y, por lo tanto, no permiten tal cosa.

Ambas posturas son producto de pequeñez humana y vos......... ¡nada que ver!

Eres demasiado grande como para temer a las preguntas o para huir de los cuestionamientos.

Eres demasiado coherente como para no enfrentar, con tu vida, las preguntas que uno pueden  sentir la  necesidad de formularte.

Cuando las mismas están hechas con “buena voluntad” vos te alegras con el hecho de que nos animemos a hacerte preguntas aunque sean alocadas como algunas de las que, algunas veces, te formulamos.

¿Viste cómo esté el mundo de hoy?

Sin duda que lo conoces y con ojos preocupados lo contemplas.

¿Hoy seguirías hablando de amor?

Sí, ya sé que es una pregunta absolutamente tonta porque......... obvia es la respuesta.

Con otras armas, con otros medios pero........ la realidad de tu tiempo en la tierra  no era muy distinta a la de nuestro hoy.

Había todo un sistema opresor (imperio romano) al que, por todos los medios, se buscaba derrotar.

Muchos buscaban la prisa de tal derrota y, por ello, apelaban a los caminos rápidos de la violencia.

Solamente vos no tenías prisa y apostaste al camino lento pero profundo del amor.

En ese contexto hablaste de amor y de perdón.

Amar a los enemigos nunca ha sido una cosa fácil y, por ello, es que pediste tal cosa puesto que no querías, para tus seguidores, un camino sencillo.

Proponías una auténtica revolución hundiendo las raíces de la misma en el respeto, la paz y el amor.

Vos no hablabas para nos pobres e indefensos pescadores incapaces de llevar adelante una efectiva revolución conforme los esquemas tradicionales. Lo tuyo transitaba por otros caminos y, para ello, elegiste seres que, los demás, habrían despreciado.

Hablabas para los hombres de todos los tiempos.

Para todos los tiempos es válida tu propuesta de amor por ello es que resulta obvia tu respuesta a mi pregunta.

Es evidente que muchas veces nosotros nos llegamos a vos cuando las cosas parecen salirse de todos los carriles. Mientras, nos parece, todo está dentro de una determinada lógica ni te tenemos en cuenta y vamos construyendo una historia de espaldas a la necesidad de vivir el amor.

Sin duda no estabas de acuerdo cuando, en tu nombre, se mataba y dominaba para imponer tu propuesta religiosa. Era una suerte de fundamentalismo y, el mismo, casi siempre está reñido con el amor. El amor es, irremediablemente siempre, tolerante.

Por una razón u otra el ser humano se ha llenado de intolerancias y ello lo ha llevado a pensar que su postura es la única válida y debe ser impuesta a todos los demás.

¿Hay lugar para el amor, hoy en día?

Parecería como que existen posturas demasiado radicalizadas como para que exista algún resquicio para el amor.

¿Qué sería de nosotros si perdemos la esperanza y descartamos al amor?

Es, entonces, Señor, que mis preguntas  se tornan un pedido porque solamente vos eres capaz de hacer posible al amor.

Señor, porque necesitamos PAZ, dale al corazón de los hombres de tu amor.

Yo pregunto si es una locura pedirte tal cosa, Señor.

Por más que pueda ser un atrevimiento, escucha mi oración, Señor.

 

Padre Martin Ponce de Leon S.D.B.