MISA SIN COMÚN
Hacía unos días había ido a
consultar al Obispo por un tema surgido en la parroquia.
Yo había tomado una
decisión pero no quería correr el riesgo de equivocarme gratuitamente.
Le comenté lo sucedido y le
pregunté lo que debía resolver.
Me llamó la atención su
respuesta: “Sentido común, Martín”. Le manifesté deseaba escuchar lo que era,
para él, “sentido común”. Me dio una respuesta que coincidía con lo que yo
entendía debía resolverse.
Al día siguiente, durante
una misa, pude comprobar que el sentido común no es el más común de los
sentidos.
En un determinado momento
ingresó a la misa una señora.
La misa ya había comenzado,
la señora dejó la puerta abierta y le hicieron notar debía cerrarla. Ella
asintió pero continuó saludando a los presentes conocidos.
En ese momento comenzaba la
homilía.
La mujer saludaba uno a uno
a los presentes cruzándose por entre los bancos para poder cumplir con tal
tarea.
Me resultaba imposible
poder hilvanar alguna idea con aquel movimiento de saludos en el fondo del
templo.
Resolví cortar la homilía y
dejarla para otro momento de la celebración.
No podía enojarme con
aquella señora puesto que sus conocimientos de misa, tal vez, no eran muchos.
Después de la comunión
resuelvo retomar la homilía dejada en unas pocas frases.
Una señora se dio cuenta no
se había realizado la colecta y se lo comentó a otra señora.
Había agregado cinco frases
a las tres cortadas al comienzo.
Con verdadero estupor veo
que la otra señora se levanta y se dirige al lugar donde se encuentran los
útiles con los que se realiza la colecta.
Me corrió por la mente la
imagen de estar continuando la homilía y la señora realizando la colecta y ello
me pareció deprimente e incómodo.
Sin duda la homilía no era
muy interesante como para ser escuchada.
Ya la había interrumpido
por la sesión de saludos y continuarla mientras realizaban la colecta habría
sido decadente.
Me sonaba como algo
totalmente ridículo que no podía permitirlo.
Sin colecta la misa vale
igual.
Allí mismo corté lo que
estaba diciendo, di la bendición y concluyó la misa.
No hubo colecta.
Debo confesar que me sentía
mal por haber actuado de la manera que lo hice.
Debo confesar que no me
hacía ninguna gracia por quienes estaban en la eucaristía y no comprendería las
actitudes del “histérico del cura”
Suele ser esa la primera
reacción ya que nadie va a preguntar qué fue lo que pasó.
Se me vino a la mente la
respuesta del Obispo y no sabía cómo ubicar mi actuar.
¿Había actuado con sentido
común?
No me interesaba juzgar a
las personas puesto que ello era lo más sencillo.
Quería juzgarme a mí mismo
y saber si había actuado desde el debido sentido común.
Yo sé que la misa es muy
importante para mí pero no debo pretender lo sea para todos por más que sea una
realidad frecuente.
Lo cierto es que había
tenido una conducta infrecuente puesto no es común que la homilía sea
interrumpida en dos distintas oportunidades.
Sé que habré de guardar en
mi memoria esta misa sin común y continuaré cuestionando mi sentido común.
Padre Martín Ponce de León
SDB