PUEDEN

 

No es muy común encontrar un grupo de jóvenes que puedan hacerse un tiempo para dedicarlo a los demás.

Bien podían prolongar sus vacaciones. Merecidas o no cada uno de ellos lo sabrá.

Bien podían dedicar tiempo a profundizar en sus estudios.

Nada de eso es lo que hacen.

Uno puede decir que regalan quince días de su tiempo pero, bien lo sabe, es erróneo tal decir.

Casi todos ellos, durante el año, dedican un tiempo de sus fines de semana a hacer algo en algún lugar.

Es como su entrenamiento para lo que harán luego.

Pero, también, cada uno de ellos tiene como objetivo el poder ir a algún lugar a realizar un servicio en algún lugar donde se le envíe. Puede ser en algún lugar del país o puede ser en el exterior.

Podrá ser un semestre o un año donde todo queda de lado para servir, para ser útiles.

Por ello esos quince días de actividad intensa no es otra cosa que un ejercicio de lo que harán y de lo que hacen.

Quince días donde no hay mucho tiempo para el tiempo libre.

Quince días donde no hay espacio para el individualismo.

Quince días donde el cansancio se bebe a tragos prolongados.

Quince días donde la entrega se hace prolongada y exigente.

Quince días donde la alegría se vuelve sustento diario.

Quince días donde todo es empeño y compromisos.

 Son muchos encuentros con familias, personas y realidades que no son frecuentes para sus vidas cotidianas.

Son encuentros con planteos y situaciones, en oportunidades, colmadas de novedad y que despiertan ojos grandes, sonrisas o silencios.

No hay muchas explicaciones para justificar la tarea que realizan.

No son seres fuera de este mundo. Son jóvenes como cualquier otro joven.

Jóvenes que sueñan en grande pero con las manos comprometidas con un mundo mejor.

Jóvenes que sienten, creen y viven el amor.

Jóvenes que saben que la mejor tarea es la que se desarrolla con y para los demás.

Jóvenes que saben que pese al cansancio siempre se puede un poco más.

Jóvenes que van descubriendo que la mejor manera de ser útiles es sirviendo.

Jóvenes que beben libertad mientras se  dejan ayudar para ser ellos mismos sin perder identidad.

Pueden hacerlo y con una sonrisa pintada en la piel lo hacen.

Siempre tienen un poco de tiempo para compartir sin mirar el reloj puesto que es importante el escuchar al otro.

Siempre tienen tiempo para una oración o un encuentro.

No dudan en sentarse en la vereda y compartir anécdotas para admirarse y aprender de la vida de los demás.

Siempre tienen un tiempo para realizar preguntas o compartir trozos de sus vidas.

No escatiman su ofrecimiento a lavar la vajilla o a servir la comida.

Cada uno pone al servicio de los demás sus cualidades para realizar alguna cena distinta o para animar algún juego.

Siempre están inventando algo para que el día, salvo los momentos del necesario descanso, no tenga espacios libres.

Pueden y lo hacen y sus quince días se prolongan en recuerdos, rostros, nombres, voces o solicitudes.

Pueden y uno no deja de disfrutar el ver que pueden.

 

Padre Martin Ponce de Leon SDB