Vidas de Santos: La Leyenda Dorada
Padre Pedrojosé Ynaraja
Si la fe de Israel lo fue en un
Dios-familiar, el dios de los patriarcas y matriarcas, la fe cristiana
participó de modo semejante, pero elevada a la enésima potencia, de esta visión
social sobrenatural.
La Fe, sin duda alguna, era en el
Dios de Nuestro Señor Jesucristo, su Padre y Dios como Él, y Dios nuestro, al
que estaban unidos con nosotros, y de una manera especial, los mártires y de
tal manera, que el momento álgido de celebración, la Fracción del Pan, se hizo
sobre el sepulcro de mártires.(en sus inicios, la
reunión dominical se hizo en las “domus” domicilios
que por su tamaño permitían la reunión de la comunidad local).
Pasado el tiempo y resultando
imposible hacerlo así, hasta hace pocos años, era obligatorio que en le mesa
eucarística, hubiera un hueco, sepulcro se llamaba, donde estaban depositadas
reliquias de mártires, santos o confesores. Continuaba simbólicamente la
celebración, entrañablemente unida a los cristianos que existían en la realidad
celestial. Nunca la misa es un acto puramente actual. No sólo se refiere a
Jesucristo, se evoca también a los que fueron testigos eminentes. Se les evoca
pidiendo protección y admirando su proceder. El Canon Romano recuerda una lista
de santos masculinos y femeninos, apóstoles o mártires, que fueron famosos
principalmente en la Iglesia romana.
LAS CATACUMBAS
Cuando uno recorre las catacumbas
de Roma, percibe de cuando en cuando, que los angostos pasillos se ensanchan y
se forma un ámbito de mayor tamaño, en cuyo centro está situado el sepulcro de
un mártir, alrededor del cual se sitúan nichos de cristianos que tuvieron el
privilegio de ser enterrados en su proximidad, dada su relación con ellos o
como agradecimiento a la labor de construir tales recintos. Allí se encontraba
la comunidad y allí celebraban la Eucaristía.
(He podido gozar del privilegio de
celebrar misa en dos ocasiones en uno de estos recintos, gozando de soledad y
de silencio, pues, ya que las visitas por norma deben ser guiadas, se desvía a
los grupos para que el celebrante y los que le acompañen puedan entregarse a la
oración, la Palabra y el Sacramento, sin que nada foráneo les distraiga).
La Fe se dirigía a Dios,
acompañados y sintiéndose protegidos por los héroes que por ella habían dado su
vida. Se recogía y enterraba su cuerpo, si era posible, y se guardaba con el
mismo sentimiento de devoción las telas empapadas en su sangre cuando por
ejemplo las fieras habían devorado por completo al mártir. La devoción a los
santos expresa que lo que Jesús inició no fue un Olimpo, sino una “ecclesia”, una familia, un encuentro amistoso empapado de
Amor.
ACTAS
Del hecho histórico del martirio se
dio cuenta mediante las Actas, estrictas narraciones como la que nos llega por
los Hechos de los Apóstoles respecto a Esteban y más sucinta aun la de
Santiago. Ciertas actas resultan ser documentos notariales, exactas narraciones
de lo que ocurrió durante el proceso, condena y martirio. A fuer de sinceros,
hay que reconocer que con el paso del tiempo, en algunos o muchos casos, se añadió
a las noticias ciertas, piadosas imaginaciones, que si no eran exactos relatos,
adornaban el suceso que se quería recordar y lo hacían más atractivo. Su misma
existencia demuestra que la comunidad vivía con entusiasmo el reclamo a la
santidad propio de la Fe cristiana. De acuerdo con estas vivencias, se
escribieron las “vidas de santos”, en un principio santos locales o
relacionados con el territorio o la profesión de los fieles del lugar. Más
adelante su extensión creció hasta pretender hacerse universales.
LA MÁS CONOCIDA
Me he estado refiriendo a “la
Leyenda dorada” como la más conocida y utilizada durante siglos. Era el libro
de cabecera, muchas veces el libro que acompañaba consolando los últimos
tiempos de los cristianos, que llegada la proximidad de su muerte, leían o solicitaban
les leyesen vidas de santos, además de los evangelios de la Pasión del Señor.
Evidentemente, ya que la comunidad
era una entidad viva, el conjunto crecía y se añadían nuevas historias a las
recibidas con anterioridad. El concepto de propiedad intelectual, el Copyright,
o derechos de autor, no existían. Afortunadamente, en la actualidad, en el
mundo de Internet, vuelve a desaparecer tal posesión. Goza uno al saber que lo
que uno escribe y cuelga, se divulga y se aprovecha quien desee enriquecerse
espiritualmente, de tal manera que si en mi juventud uno no tenía dinero para
adquirir todos los libros que deseaba, actualmente no dispone del tiempo
suficiente para leer todos los que gratuitamente se le ofrecen.
ESTILO DE VIDA
Fue un estilo, el de las vidas de
santos, del que todos aprendimos. Recuerdo muy bien que estudiando yo con los
Maristas de Burgos y preparándome para comulgar por primera vez, tanto nos
enseñaban la doctrina cristiana como nos explicaban historias de nuestros
héroes. Como ejemplo anecdótico, recuerdo la historia de Tarsicio, que pude
leer en algún folleto. Me ha quedado clavado en la memoria su actuar
protegiendo la Eucaristía con sus brazos, de tal manera que cuando celebro misa
y la rúbrica dice: “inclinado y con las manos juntas”, las uno, sí, y las cruzo
un poco, recordando su proceder. Gocé cuando visité por primera vez las
catacumbas de San Dámaso y, antes de entrar en su interior, contemplé la imagen
que recuerda a este jovencito, valiente héroe santo.
La educación cristiana y su
cultivo, tenía como pieza fundamental, complementando la doctrina, la “Historia
Sagrada” y las “Vidas de Santos”. Lo recordamos con frecuencia los que así
fuimos formados y muchas veces me han preguntado porque tal proceder se va
olvidando. Hay que reconocer que los viajes a Tierra Santa y la lectura de la
Biblia, pueden suplir con creces el primer aspecto.
ILUSTRACIONES
Respecto al segundo, hay que
confesar que tímidamente diversas editoriales van publicando biografías de
santos. Mi opinión personal, que para muchos resultará discutible, es que las
ilustraciones que adornan el texto, generalmente, son tan bonitas, muy bonitas
y tan decorativas y atractivas, como las de los comics de aventuras que uno
encuentra en kioscos y librerías. Tal proceder tiene el inconveniente de que
así como los cuentos, crecido el chico o la chica, se hace consciente de que
aquellas historietas que tanto le gustaban, aquellas aventuras o novelitas
rosas que complacían y estimulaban su imaginación, eran simplemente ficciones,
les parezcan que las biografías de los santos que les explicaban tampoco
corresponden a realidades históricas, tampoco sean verdad.
TANTAS IMÁGENES
Soy consciente de que si
antiguamente algunos domicilios semejaban aparadores de establecimientos de
venta de imágenes, de tantas que se ponían por todas las habitaciones,
devaluando el testimonio de vida que simbolizaban, proceder que dio paso a la
supresión de cualquier efigie religiosa, tal vez para corregir este necio
proceder, los artistas elaboran con selecta cerámica o cualquier otro material
preciado, figuras que adornan sí, que alegran e incitan sonrisa indulgentes,
pero que carecen de sentido religioso y en algunos casos son simples monigotes
que acertadamente colocados, satisfacen al visitante, que no invitado, del
domicilio que le muestran, satisfaciendo su vanidad.
Nuestra historia, seamos cristianos
creyentes y comprometidos, o indiferentes respecto a la realidad trascendente,
no puede prescindir de próceres que marcaron hitos e influyeron en la historia
humana.
He escogido algunas ilustraciones,
buenas muestras de lo dicho. La Iglesia y la misma Europa, no pueden olvidar a
Benedicto, Francisco, Domingo…