CATÓLICA, APOSTÓLICA …Y PROFÉTICA (III)

 

Padre Pedrojosé Ynaraja

 

Está de moda publicitar defectos y delitos de la Iglesia, nuestra Santa Madre. No seré yo quien los ignore o justifique. Vivo la realidad de la Esposa de Cristo con la sensibilidad que otorga la ausencia casi total de obligaciones. Desde esta realidad proclamo la carencia y necesidad urgente, de la existencia de profetas. Ahora bien, es preciso que pensemos la cuestión con serenidad.

 

La Iglesia hoy es Santa mientras en ella germinen, crezcan y florezcan mártires, misioneros y contemplativos y ya que es así, su existencia está asegurada.

 

Que la pederastia, delito cruel, tal vez por su morbosidad sea noticiable, es evidente. Que en ciertos lugares, y por parte de algunos profesionales oportunistas que aprovechan la situación, sea rentable, también, no hay que ignorarlo.

 

Que la pederastia haya sido enfermedad grave, nadie lo niega, pero aun así, no pone en peligro la supervivencia de la Iglesia. Mientras existan Carmelitas, Clarisas, Dominicas, Adoratrices y tantos otros monasterios femeninos semejantes. Cartujas, Trapas, Cister, Lauras y demás prioratos y abadías o similares masculinos, no corre peligro.

 

Un ignoto y solitario ermitaño, masculino o femenino, que vive con sinceridad y austeridad, es como una planta sometida a cultivo hidropónico, que sin vistosidad asegura su madurez e inmediato fruto.

 

Sinceramente y sin ninguna duda, la situación de la Iglesia, siquiera su rostro externo, sufre espinosas crisis. Pero error será acudir a reforzar el funcionariado, aunque se le llame pastoral o al revisionismo, aunque se llame junta de control, o a la tecnocracia espiritual. En tales terrenos, crecen ufanos los que el Papa llama jolgoriosamente trepas, pero imposible los profetas.

 

Es tiempo de poda, invierno social, urgen profetas que desmochen, que denuncien e incomoden, tal vez desde incógnita soledad. Que nadie tema, que prepare el terreno, airee el suelo y lo abone con su oración, llegará con seguridad la primavera. Solo quien ensueña es realista.