PARA DISFRUTAR

 

La cuaresma es un tiempo para disfrutar.

Usted me dirá que no está de acuerdo con tal afirmación puesto que…

“Es un tiempo de penitencia”

“Es un tiempo de conversión”

Sí, todo lo que usted quiera, pero, es fundamentalmente, un tiempo de amor.

Quien desee vivir una verdadera conversión debe vivir, en primer lugar, un intenso amor.

No nos convertimos movidos por el temor.

No nos convertimos motivados por el miedo.

No nos convertimos por imposiciones.

La conversión solamente debe responder a un profundo amor.

Para dar pasos en el camino de la verdadera conversión debemos tener muy en claro en lo que motiva nuestro deseo de cambio puesto que la conversión debe nacer desde una convicción.

Convertirse es buscar agradar.

Solamente se busca agradar a quien se ama de verdad.

Se agrada conociendo más y más al ser amado e intentando asumir como propios sus deseos.

Supongamos tengo que hacer un obsequio a una persona que se fascina con las caravanas. Como no poseo dinero para comprarle un obsequio gasto mi tiempo realizándole un detalle. Una vez concluido le entrego una pulsera.

Es obvio que debía, porque le quiero agradar, realizarle un par de caravanas aunque fuesen de tapitas de plástico.

No es, el hecho de agradar, fomentar lo que es de mi gusto sino lo de la persona amada.

Debo conocerle para saber lo que le agrada, debo asumirlo como propio y hacerlo parte de mi vida.

Es claro que todo este tiempo no pasa por obsequios o por realidades externas. Es mucho más complejo puesto que hace referencia a lo esencial.

Es acercarnos a la otra persona para conocer lo que hace a lo esencial de su vida y, para ello, debemos compenetrarnos con esa persona amada.

Cuaresma es un tiempo para mirar a los ojos a Jesús y descubrir lo que le agrada para hacerlo nosotros.

Es acercarnos a una persona y, por lo tanto, no podemos inventarle o suponerle sino que es descubrirle.

Desde hace mucho tiempo la única forma de conocer auténticamente a Jesús es desde los relatos evangélicos.

Es imposible, para nuestra vivencia cristiana, desprendernos del Jesús de la historia. No podemos prescindir del Jesús histórico para conocerle.

Por ello es un tiempo para disfrutar compartiendo con ese ser amado que es Jesús.

Compartir con Él para conocerle un poco más. Jesús siempre posee alguna novedad para cuestionar nuestra realidad. Jamás podemos decir ya lo conocemos acabadamente.

Tampoco podemos quedarnos con el Jesús que hemos conocido cuando comenzamos nuestra vida de cristianos. Nuestro cristianismo no puede limitarse a un infantilismo.

El infantilismo de algunos relatos o el infantilismo de cosas externas o de, únicamente, algunas prácticas piadosas.

Es un tiempo para disfrutar el mirarle a los ojos y descubrir sus intereses, sus preferencias y sus prioridades.

Solamente así habremos de realizar una verdadera conversión.

Mirando a Jesús y asumiendo lo suyo para que sea parte del nosotros.

Es un tiempo para disfrutar el sabernos amados y pudiendo agradar a ese ser que tanto nos ama.

Es un tiempo para identificarnos con lo suyo y, por amor, hacerlo nosotros.

Penitencia, ayuno, abstinencia y todo lo que desee pero jamás podemos prescindir del amor como motor único de la verdadera conversión.

Ojalá pueda disfrutar de este tiempo descubriéndose un poco más en Jesús.

 

Padre Martin Ponce de Leon SDB