PECADO

 

Padre Pedrojosé Ynaraja

 

Que la pederastia es grave es indudable, que es una agresión tremenda, también y que es conducta criminal, nadie lo duda.

 

Al dar publicidad a este triste fenómeno, sometido a juicio, se ha hecho notorio que no es vicio nuevo, que no es un mal de nuestros tiempos. Se ha recordado la calificación que le atribuía la cultura clásica y la de épocas pasadas, no demasiado lejanas, digamos segunda mitad del pasado siglo.

 

Sí, fue infracción más frecuente de lo que se quiso ver. Un ejemplo patente de ello fue que en el éxito de “Lolita” la novela de Nabokov publicada en 1955 y llevada al cine en 1962 y en 1997, pese a que los espectadores se fijaron y gozaron del anómalo comportamiento de los protagonistas, especialmente de la morbosidad de muchas secuencias, demasiadas sin duda, yo no supe que ningún comentario o crítica, se preguntara en donde residía el origen de la perversa conducta de la protagonista.

 

Como de esto han pasado muchos años he consultado el Google que siempre sorprende. Pues sí, después de leer muchas líneas, me encuentro que un Pastor Espiritual recomendó que una niña de 14 años “participase en la representación cinematográfica de una maligna pasión pedófila”. Fue representación, se trataba de un personaje ficticio, manejado por un buen director, pero el público vio a la protagonista en carne y hueso y más tarde confesó ella que “estaba horrorizada de que revivan la película que causó mi destrucción como persona". Si se hubieran fijado en el origen causante, hubieran sentido por ella compasión.

 

Vi una versión en DVD y quise que la vieran otros en sesión fórum, no lo conseguí. Consideraron que los pasajes primeros eran secuencias indecentes, no quisieron llegar al final y descubrir dónde estaba la raíz del desequilibrado y perverso comportamiento de la chiquilla. Tal vez hubieran sacado la consecuencia de que permitir a sus hijas o nietas ir a ciertas colonias, satisfacer ciertos gustos, asistir a ciertas fiestas o a ocultas diversiones, podían caer en los mismos vicios y sufrir las mismas neurosis.