Primavera y flores
Padre Pedrojosé Ynaraja
Debería haber puesto estaciones,
situaciones, climatología o astronomía, pero tal titular hubiera sido demasiado
complicado, por eso no lo he puesto.
Los medios nos advirtieron que se
aproximaba la primavera. Al poco, comentaron que en realidad habíamos gozado de
un invierno primaveral. Nos advirtieron más tarde que de la primavera
climatológica ya habíamos empezado a gozar, finalmente se nos comunicó que
comenzaba exactamente el 20 de marzo a las 22h 58m, hora oficial peninsular.
Estamos, pues seguros de que ha llegado la primavera.
Me referiré a las características
propias de la cuenca mediterránea, que no son exactamente las mismas en su
conjunto, diferente es el este del oeste. Cuando decidí escribir sobre esta
estación, lo primero que hice fue buscar las referencias que en la Biblia hubieran. Me sorprendió las pocas veces que la palabra
aparecía. Consulté enciclopedias y supe el motivo. Al pueblo de Israel, cultura
agrícola, con ancestros patriarcales pastoriles, lo que le importaba era el
ritmo de la siembra y maduración de la mies y el periodo de nacimiento de las
reses de sus rebaños. La planificación de su vida debería tener en cuenta estas
peculiaridades. De la temperatura de la atmósfera y de la lluvia, dependía el
éxito o fracaso de la economía familiar.
CULTOS A LA PRIMAVERA
A la pacífica y fría temperatura
del invierno, le seguía la aparición de las espigas del primer cereal que las
propiciaba, la cebada. Sus antepasados de inmediato procedían a ofrecerlas a
las divinidades. Israel lo practicó en sus lugares de culto propios, a partir
de Salomón en el templo de Jerusalén. Coincidía este acontecimiento con la
llegada de la primera luna llena, después del crudo invierno. En ella se
fijaron para establecer la práctica ritual y las celebraciones festivas que
acompañaban a las liturgias propias. Debían festejar todo un poco a la ligera,
puesto que pronto sería preciso segar la mies, trillarla y beldarla.
Israel, pasada la experiencia de la
huida de Egipto y largo camino por el desierto, enriqueció estas prácticas
rituales con nuevos contenidos históricos y significados trascendentes.
Concluido el trabajo que suponía la obtención y almacenamiento de la cebada,
debía repetirse la misma función con las espigas de trigo. Entre la maduración
del primero y del segundo cereal, pasaban 50 días. Pascua (Pesaj)
se llamaba una y Shavuot (Pentecostés) la otra.
LAS ESTACIONES
No ignoraba el pueblo israelita las
peculiaridades de su clima y a él se le hace escueta referencia en la Biblia.
Primavera aparece 4 veces, las cuatro en el Antiguo Testamento. Otoño 6,
también en A.T. Verano 17, de las que 3 son del N.T. Invierno 14, de las que 7
pertenecen al N.T. se nombra escuetamente la palabra, se supone el sentido,
pero no se entretiene el texto en desarrollar contenidos. Si esta es la
parquedad de la Biblia, no ocurre lo mismo entre nosotros.
La primavera es explosión de vida y
belleza sensorial, cual la de una jovencita adolescente. Me detendré un momento
en las manifestaciones vegetales que son las que todo el mundo puede observar,
ya que el nacer y crecer de los animales, en sus nidos, en los establos o en el
campo, no le es fácil a todo el mundo el observarlo.
BÚSQUEDA POR RINCONES
Cuando los medios nos decían que la
primavera llegaba, me apresuré a buscar por rincones de entre la vegetación de
alrededor de mi casa, entre hierbas y zarzas que hubieran resistido el
invierno, algunas violetas. Son diminuta comprobación primaveral, nunca falla.
Y sí, las encontré. Se trata de flores que duran muy poco y se exhiben menos.
De belleza singular y tímida, son buen ejemplo de humildad. Me decía un día una
señora que había conocido cuando era niña a Jacinto Verdaguer,
el poeta místico catalán por excelencia, que le había escuchado decir que era
la flor que más apreciaba, precisamente por su humildad. Muy propia de él, tal
apreciación. En la Biblia la violeta no aparece, pero sí su color, refiriéndolo
al de la púrpura.
Convencido, pues, de que la
estación se manifestaba acudí a observar una higuera que junto a la puerta
había plantado al llegar al domicilio hace algunos años. Y sí, como se puede
apreciar en algunas fotos, las gemas en unas ramas reventaban y los nuevos
tallos con sus hojitas, despuntaban en otras. (Jesús decía: cuando su rama ya
se pone tierna y echa las hojas, sabéis que el verano está cerca. Mt 24,32)
“ESTRELLAS DE BELÉN”.
El año pasado aparecieron en las
parcelas próximas a mi domicilio, unas flores para mí desconocidas, que supe
más tarde se llamaban “estrellas de Belén”. Me hizo mucha gracia contemplarlas.
Sus semillas, seguramente, las traería el viento y geminaron y florecieron muy
bien y en abundancia. Este año un hortelano trabaja el terreno, lo cava, traza
surcos y siembra en ellos. Pensé que ya no podría volver a ver a mis
estrellitas, pero me equivoqué, pues por varios rincones, que ni la azada ni el
rastrillo habían llegado, se asomaban graciosamente mostrado su belleza.
Se había adelantado el caqui, o
palosanto, que al proceder del Japón, pese al tiempo que lleva creciendo y
ofreciendo sus frutos en nuestras tierras, no se ha adaptado todavía a nuestro
clima y se encapricha en florecer en noviembre. Las frecuentes heladas de
diciembre y enero acostumbran casi siempre a liquidar sus incipientes frutos.
Para mi satisfacción, he observado que este año progresan algunos, junto a los
otros que arrugados y secos todavía cuelgan muertos, como se observará en la
fotografía.
IMPRUDENTE FRUTAL
El almendro, el imprudente frutalque es antorcha blanca que anuncia la llegada de la
primavera, ha cumplido muy bien su misión, a él le han seguido los cerezos y
las presumidas mimosas que derrochan tanta flor y color. Es tanta su vanidad, que
gastan todas sus fuerzas en demostrarnos su acido florecer amarillo vivo y
resulta que después solo le quedan fuerzas para tupirse de verdor.
Si había llegado el buen tie mpo, si se iniciaba nueva
vida, debía aparecer mi orquídea, la que no ha dejado de ofrecerme cada año su
misteriosa belleza. La he buscado donde siempre aparecía y la he encontrado,
estaba ya asomándose entre la espesa hierba. Sé que crecerá bastante más. La
considero la orquídea del buen Dios. No tiene tanto atractivo y magia como lo
tienen las de la selva amazónica, pero es la que a mí me ha llegado, sin
buscarla, ni plantarla. La que agradezco exclusivamente a Dios.
NUESTRA PRIMAVERA
Así es nuestra primavera, que no es
idéntica a la de otros lugares, nuestras consecuentes costumbres y criterios
europeos, no debemos imponerlos en otros lugares. Recuerdo que Tomás Merton hacía referencia a este fenómeno en su libro de
historia de la Orden del Cister de estricta observancia, llamada comúnmente
Trapa. Leía yo hace más de 50 años, lo advierto porque no es referencia
textual, que los primeros monjes del Nuevo Continente, leían en su regla las
fechas que estaban obligados a cambiar de hábito. Acontecía que cuando más
calor hacía allí, debían vestir gruesos tejidos de lana, muy aptos para el frío
clima continental que padecían los fundadores. Quien redactó la regla, no tuvo
en cuenta por aquel entonces, la diferencia de clima que existe entre el
hemisferio norte y el hemisferio sur.
No ignoro y ya he hecho referencia
al principio, que lo descrito corresponde a las tierras donde habito. En otros
lugares, el año se divide en la temporada de lluvias y en los meses secos. En
el mismo Israel de mayo a octubre nunca llueve. Han tratado de conseguir lluvia
que fecundaría sus tierras, pero hasta ahora no lo han conseguido. Parece que
en la actualidad mediante meticulosos procedimientos de desalinización del agua
del mar y técnicas de cultivo, gota a gota e hidropónicas, consiguen bastante
buenos resultados, pero aún no la lluvia durante este tiempo.