YO NO SOY PEDERASTA, PERO… (2)
Padre Pedrojosé Ynaraja
Ni la inmensa mayoría de los
lectores lo serán, estoy seguro. Tampoco sus vecinos. Siendo así ¿podemos estar
tranquilos?
Eran otros tiempos, tal vez no
mejores, pero diferentes. Descubría yo a veces en mi trato íntimo con jóvenes,
ciertas neurosis. Se mezclaban sentimientos de culpabilidad, con trastornos
somáticos y sinceros deseos de mejorar. Deducía uno que en cierta época de su
segunda infancia o pubertad, había existido algún acontecimiento que había
dejado una secuela traumática. Se pensó que en estos casos, lo mejor era que
existiese colaboración entre siquiatra y director de conciencia, previo permiso
libre de la persona implicada.
El proceso era difícil. Desconozco
si hubo muchos éxitos. Todo transcurría en la intimidad secreta, que no
permitía estadísticas. Ahora bien ¿es suficiente el examen de conciencia en tal
terreno? ¿En otros campos, nuestro proceder es correcto, no lesiona, ni
traumatiza?
Se estimula el confort, aprovechar
las posibilidades que uno tenga para gozar sin tino. Se compra pan por la
mañana y se tira el no consumido. Se iluminan pasillos y ámbitos donde no se
está. Se deja funcionando la TV, aunque nadie la atienda. En ciertos hogares,
cuando se ausentan las personas, se le deja al animal mascota en un sofá ante
un televisor funcionando, para que se entretenga.
La tierra sufre escasez de agua
limpia, pero dejamos grifos abiertos y en muchos lugares no disponen de otro
líquido que agua contaminada. Luz decorativa para nuestras fachadas, obscuridad
nocturna en chozas del Tercer Mundo…
No necesitan ellos siquiatras.
Nadie vela y médica para que venzan neurosis o superen traumas. Cuando eran
niños o se asomaban a la pubertad, murieron víctimas de la sequía, la hambruna,
los parásitos, la inanición, la caquexia.
Abuso, violación, maltrato de
género, suenan a morbo e interesan.
Los otros males, con sus
definiciones clínicas, no.
¿Cómo seremos juzgados por la
historia y los tribunales trascendentes?
Yo no soy pederasta, pero…