Últimas solemnidades litúrgicas
Padre Pedrojose Ynaraja
Por imprevistas situaciones, debo redactar deprisa este
reportaje, sabiendo de antemano que no recogerá muchas de las cuestiones que
venía pensando hace algún tiempo.
LOS TRES PUEBLOS
Los tres pueblos o culturas derivados de Abraham-personaje,
han sido influidos por dos realidades muy suyas. Fue, o representa ser, un gran
jeque beduino, nómada o pastor, como quiera llamársele, llegado del este a
tierras del Creciente Fértil, al que Dios le prometió un territorio en
posterioridad. A él, o más bien a su descendencia. Lo que cada una de las tres
culturas ha querido señalar, de una u otra manera, se evidencia en sus
festividades.
--La tradición musulmana, el aspecto pastoril. A su gran
fiesta la llaman “la del cordero”, su festividad mayor. Celebra el pasaje de la
historia de Abraham, cuando el patriarca va a sacrificar a su hijo Ismael, que
a este se refiere la tradición coránica. Señalo es que la fiesta se llama
vulgarmente del cordero, no del Patriarca.
--La tradición judía se fija en la promesa de una tierra y al
reconocimiento y defensa como suya de este territorio, dirigen sus
festividades. Puede uno escuchar a un judío que te diga que es ateo pero que la
tierra de Israel le corresponde en propiedad, porque Dios se la prometió a sus
ancestros (sic). Del sacrificio heroico de su hijo Isaac, que se le pide haga,
y que sitúa en el monte Moria, que cree está en la
cima de la explanada del Templo de Jerusalén, no se ocupa de celebrarlo en
ninguna circunstancia.
--La tradición cristiana más elaborada y estructurada, se
adhiere a la condición agrícola del pueblo heredero del Patriarca, primero en
la tierra de Egipto, por donación del Faraón, más tarde por las promesas hechas
al linaje peregrino en el desierto, también descendiente de Abraham, al que se
le anuncia que poseerá una tierra que “mana leche y miel”, más tarde se le añadirá
y repetirá que esta tierra es rica en trigo, cebada, uvas, miel, granadas,
olivas e higos.
COSTUMBRES AGRARIAS
Habiéndose adherido a las costumbres agrarias, sus fiestas
coincidirán con las de las primeras espigas de cebada, propias de los
ancestros, y en el mundo judío aferradas al pan ácimo y a la sangre de los
dinteles de las puertas. En la luna nueva de primavera, con pan (Cuerpo de
Cristo) y vino (su Sangre) celebra, también por coincidir, no hay que
olvidarlo, con la muerte, sepultura y resurrección del Señor, la fiesta de la
Pascua. A los 50 días (solemnidad de ofrendas de las espigas, esta vez de
trigo) coincidiendo con ella, el prodigio de Pentecostés.
Las celebraciones de la vendimia, pese a que fueron
enmarcadas y hoy se llaman de Sukot entre los
israelitas, no han llegado a cuajar en el mundo cristiano que se ha quedado con
la liturgia de Témporas. Tal vez el día de Acción de Gracias de EEUU, muy
celebrado en esa tierra, según cuentan, sea un vestigio.
En la Biblia no se mencionan explícitamente otras gramíneas,
salvo mijo y espelta, pero sin duda conocían también la avena. Son cereales
incluidos en la denominación de granos. Esta última como el centeno no la consideraban importante, ya que se utilizaban como pienso
para el ganado o su larga paja para cubrir el exterior de las techumbres.
LA CERVEZA
Un derivado de lo que vengo explicando es la cerveza. No se
la menciona explícitamente en la Biblia, pero sin duda se refiere a ella cuando
en la bebida de los consagrados al Señor se dice que se abstendrán del vino y
otras bebidas fermentadas. La cerveza era conocida muchos siglos anteriores a
Cristo en Mesopotamia, corregido ya su sabor dulzón por la incorporación del
lúpulo, como se practica aun hoy en día. Hay suficiente documentación egipcia
como para estar seguros de que los del pueblo de las pirámides la consumían.
Si, como ya he dicho, explícitamente no se menciona la
cerveza en la Biblia, lo que no aparece en el texto lo dicta la arqueología de
tal manera que, recientemente, rebañando ánforas de aquellos tiempos, se ha
podido rescatar en buen estado de conservación, levaduras de las cervezas que
en aquellos recipientes se habían guardado, logrando elaborar “cerveza bíblica”
que quien la ha probado, dice que es excelente.
Se la puede llamar cerveza bíblica, sin poder asegurar que
sea la única que en aquellos tiempos se había bebido. Pienso ahora en las que
en nuestro tiempo se expenden en cualquier cervecería. Difieren, sin duda, unas
de otras. Compárese una Coronita, con una Guinness, o una Heineken, tan
extendida por el ancho mundo.
LAS EXIGENCIAS DEL
DIRECTOR
Puesto a redactar rápidamente, como ya he indicado, por
exigencias, no del guion, sino del Director, este reportaje, y coincidiendo con
el mediodía de Pentecostés, he pensado que debía hacerlo celebrando y alegrando
mi ánimo con una cerveza de monasterio. Muchos lectores tal vez ignoren, que los
trapenses de Centroeuropa, yo no sé si han abandonado los cuidados de vacas y
de procesar sus derivados, mantequilla y queso, expresiones tan típicas de su
fidelidad al “ora et labora” monacal. Lo que sí sé es que producen cervezas
excelentes. He escogido una de graduación alcohólica mediana, de la abadía de
N.D. de Saint Remy, en tierras de Bélgica por las que me he movido alguna vez y
mientras tecleaba en mi P.C. he ido bebiéndola en honor del Espíritu Santo,
nuestro animador.
Ilusión que tenía el Hijo Unigénito al enviarnos el
Paráclito.
Ilusión que quisiera me conservase a mí siempre.
Consumir mientras escribo hoy y esto, una vulgar Cola
americana, hubiera sido profanación de la solemnidad, a lo que no estoy de
ninguna manera dispuesto.
P.D. otro día y con otro motivo insertaré la fotografías que
hoy me hubiera gustado incluir.