Paz y espiritualidad

Autor: Padre Fernando Pascual, L.C.

Fuente: es.catholic.net (con permiso del autor)

 

 

Existe una relacin entre la paz que une a pueblos e individuos, y la espiritualidad que cada uno alberga en el propio corazn?

 

Para afrontar el tema, podemos partir de un dato inicial: existe conflictualidad no slo entre personas y pueblos, sino que se da tambin en el interior de cada corazn humano. Porque surgen conflictos cuando en la propia interioridad se enfrentan ideas y emociones, deseos y proyectos, decisiones y resultados.

 

Es difcil encontrar a alguien que se sienta plenamente satisfecho consigo mismo. Su dinamismo interior le lleva con mayor o menor frecuencia a tensiones internas, a una lucha que necesariamente y en formas no siempre claras termina por reflejarse hacia afuera, en las relaciones con los dems.

 

Demos un paso ulterior. Una vez que hemos evidenciado que la lucha es parte integrante de la vida de cada ser humano, descubrimos que el modo de afrontar los propios conflictos internos vara mucho de persona a persona.

 

Unos aceptan las tensiones y luchas de cada da con serenidad, con optimismo, incluso a veces con una sana dosis de humor. Otros las viven de modo dramtico, incluso trgico, lo que genera consecuencias graves no slo para uno mismo, sino para los dems.

 

Aqu es donde podemos reflexionar sobre la espiritualidad, entendida como visin profunda desde la cual todos valoramos la vida en sus mltiples dimensiones y orientamos y dirigimos las propias decisiones. Segn la perspectiva que cada uno asume sobre lo que significa vivir, con las tensiones inevitables de toda existencia humana, es posible alcanzar un cierto estado de equilibrio que lleva a la paz con uno mismo. Igualmente, es posible mantener y aumentar la conflictualidad interna, lo cual no queda circunscrito a la propia conciencia, sino que repercute de modo inevitable entre quienes nos rodean.

 

Las espiritualidades son muy diversas, y los resultados que se alcanzan con cada una de ellas varan de persona a persona. Una espiritualidad realista, capaz de asumir las propias responsabilidades, de reconocer los errores, de pedir perdn a uno mismo, a Dios, a los dems, conlleva una serie de ventajas importantes en orden a la conquista de la paz. Una espiritualidad ingenuamente optimista, que avanza por la vida sin ponerse preguntas serias, sin observar con atencin los peligros y tensiones que surgen de modo inevitable en tantas ocasiones, puede provocar choques y fracasos que generan luego sensaciones de derrota y amargura. Una espiritualidad pesimista, cerrada, dominada por el miedo y la sospecha, encadenar corazones e impedir ese mnimo de energas que permiten desarrollar una psicologa sana, en paz. Una espiritualidad consumista y tecnicista subordinar los juicios y las opciones segn el mayor o menor grado de satisfaccin que uno crea alcanzar desde los productos adquiridos y usados como centro de la propia realizacin en clave muchas veces egostica.

 

Desde las distintas espiritualidades cada uno ingresa en la vida social. Hay quienes vuelcan sus tensiones en la familia, en el trabajo, en la calle, incluso en el tiempo de vacaciones. Basta con ver las caras de algunos automovilistas para comprender quin vive en paz y quin est controlado por la amargura y la rabia.

 

Otros, en cambio, difunden a su alrededor una paz y una dicha profunda, que contagia y suscita remansos de armona y de concordia. Da gusto hablar con un familiar equilibrado, trabajar con un compaero sereno y reflexivo, ir por la calle entre personas que sonren o que simplemente tienen un rostro amable y relajado.

 

Lo que vale para la vida social pequea, cotidiana, vale para los pueblos y las naciones. Los conflictos que destruyen y daan regiones pequeas o pases inmensos nacen, ciertamente, desde situaciones econmicas y polticas muy complejas. Pero ello no quita que haya individuos, pueblos y culturas que superan las pruebas desde una perspectiva de paz. En otros lugares, en cambio, personas y grupos reducidos (pero llenos de rabia y, por desgracia, a veces muy bien financiados) lanzan ataques contra soldados, policas o incluso contra personas inocentes y sencillas. Provocan as conflictos sangrientos que pueden durar aos y que desgastan y destruyen los esfuerzos de muchos por conseguir una sociedad ms justa y ms pacfica.

 

La paz es una conquista que deseamos para todos y en todos los niveles. Promover espiritualidades sanas llevar a reducir conflictos y a levantar caminos de dilogo y de encuentro entre las personas, los grupos y las culturas. Denunciar y aislar espiritualidades violentas y desequilibradas permitir reducir males que daan enormemente a miles de inocentes que sufren como vctimas de conflictos absurdos y endmicos.

 

La tarea es cosa de todos, y empieza de un modo silencioso, humilde, pero decisivo, en uno mismo. Se trata simplemente de mirar el propio corazn, de ver con qu ideas es alimentado, de sentir si vive de amor o de egosmo. Cuando haga falta, ser necesario arrancar rencores y marginar ideales falsos que llevan a conflictos dainos. En la mayora de los casos, se tratar simplemente de nutrir lo mucho bueno que hemos recibido en el hogar, en la escuela, en la parroquia. Existen muchos elementos de paz y de concordia que son propios de la gran mayora de las culturas humanas, y que merecen ser protegidos y difundidos a todos los niveles: familiar, escolar, laboral, local, regional, nacional e internacional.