Cuando Dios hace un guiño
Domingo XIII del Tiempo Ordinario, Ciclo C
Autor: Padre Gustavo Vélez Vásquez (Calixto)
Alguien le dijo a Jesús: Te seguiré adonde quiera que vayas . Él respondió: Las zorras tienen madrigueras y los pájaros, nidos, pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza”. San Lucas, cap. 9.
El primer libro de Los Reyes nos cuenta la vocación de Eliseo, un terrateniente del siglo IX a. C. Un día araba con sus siervos y doce yuntas de bueyes, los campos de su hacienda en la llanura Esdrelón, al sur de Galilea. Él llevaba la última. De improviso pasó el profeta Elías y le echó sobre los hombros su manto. Un gesto con el cual le entregaba su tarea entre el pueblo escogido.
La historia está llena de personajes que han recibido también una misión peculiar. “Este género humano, escribe un pensador, al que llevan en hombros unos pocos valientes”. La cual, desde nuestra fe, la entendemos como una vocación. Aunque no todos tratemos de cumplirla en forma consciente.
Pero no conviene contemplar únicamente las sombras del paisaje, donde se agrupan los fracasados, los inútiles. Porque los hay, no lo dudamos. Sin embargo, los grandes logros de la humanidad, que nos han hecho más humanos y más felices, son la conquista gozosa de unos pocos valientes.
Jesús nos indica, en muchas ocasiones, que nada sucede a la deriva: “¿No se venden dos pajarillos por una moneda? Pues bien, ni uno de ellos caerá en tierra, sin el consentimiento de vuestro Padre. Hasta los cabellos de vuestra cabeza están contados. No temáis entonces, vosotros valéis más que muchos pajarillos”. Sólo que las interferencias de nuestra libertad malogran muchas veces su plan maravilloso sobre nosotros.
En consecuencia si yo conduzco un taxi, si soy maestra rural, o celador de una empresa, o ejecutivo, profesional, o político, entiendo desde la fe, que alguna vez Dios me ha hecho un guiño. Me ha confiado determinada labor y con su ayuda avanzo hacia una realización personal, procurando el bien de los hermanos.
San Mateo nos cuenta que algunos se ofrecían al Maestro como discípulos de tiempo completo, pero Él les indicaba que ese no era su camino. Otros, como aquel joven rico que se alejó pesaroso, porque tenía muchos bienes, no tuvieron valor para seguirlo. A otros Jesús les ponía de presente que su proyecto no está exento de sacrificios, como todo lo valioso que se da en esta tierra: “Las zorras tienen madrigueras y los pájaros, nidos, pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza”.
Sin embargo para los cristianos comunes, como nosotros, no se trataría de un llamado del Señor a realizar grandes proezas. Jesús nos invita simple y llanamente a copiar en nuestras vidas su estilo, a hacer vida sus criterios. Un programa donde se dan todos los matices y variables. Allí miramos a quienes procuran cultivar una amistad seria y gratificante con el Señor Jesús. Y también muchos otros que viven un cristianismo de barniz, de quita y pon, de acuerdo a cada circunstancia.
Pero el manto de Elías nos cubrirá a todos, si entendemos que la más humilde tarea encierra una vocación. Y contribuye a edificar el Reino de los Cielos aquí en la tierra. Como escribió José María Pemán, “no hay virtud más eminente que el hacer sencillamente lo que tenemos que hacer”.