De día y  de noche

Domingo XVI del Tiempo ordinario, Ciclo C

Autor: Padre Gustavo Vélez Vásquez (Calixto)

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“Entró Jesús en una aldea y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa. Ésta tenía una hermana llamada María, que sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra”. San Lucas, cap. 10. 

Ciertos autores han confundido a María de Betania con María Magdalena, de la cual según el Evangelio, Jesús expulsó siete demonios. Confusión que se vuelve positiva, pues fue ella la primera testigo del Resucitado. También la identifican con la pecadora que en casa de Simón el fariseo, le ungió los pies al Maestro. Así lo señala san Juan cuando la resurrección de Lázaro: “María, la que ungió al Señor y le secó los pies con sus cabellos”… Pero otros biblistas aseguran que este rito de especial veneración pudo haberse repetido varias veces. 

El evangelista nos presenta a Marta como la dueña de casa. Sería la mayor y soltera además. De lo contrario su esposo hubiera figurado brindando hospitalidad Señor. Pero san Lucas tan exacto en otras narraciones, escribe solamente: “Una mujer llamada Marta lo recibió en su casa. Ésta tenía una hermana llamada María”. 

Y mientras la primera se ocupaba en la cocina preparando el sustento, la segunda, sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra. 

Tradicionalmente se ha mirado en la actitud de estas mujeres, dos niveles distintos de la vida cristiana. En Marta los trabajos. La oración en María. Pero el hecho pudo ser más simple. Como entonces no se usaban sillas, era corriente echarse al suelo sobre esteras o alfombras, para recibir las visitas. Y aunque el menú judío no exigía demasiados esfuerzos, sí era necesario un buen rato junto al fogón y los pucheros, en beneficio de los huéspedes. 

Surge entonces un roce - de tantos que se dan en los hogares- entre aquellas hermanas. La mayor se queja de haberse quedado sola en su oficio y le reclama al Señor: “Dile a mi hermana que me eche una mano”. Nos gustaría reconocer en el tono de voz que usó Marta, si propiamente necesitaba ayuda. O fue apenas la forma coqueta de un deseo: Estar junto al Señor. 

La respuesta de Cristo no descalifica los trabajos materiales con los cuales edificamos la comunidad y construimos el mundo. Tampoco destaca, de manera excluyente, la actitud de María. Solamente señala que no vale un afán excesivo frente a nuestros deberes: “Marta, Marta, andas inquieta con tantas cosas, mientras una sola es necesaria”. También pudo indicar Jesús que, para atenderlo, no urgían muchas viandas. Sin embargo sí afirma que “la mejor parte” es estar junto a él. Lo cual, a su vez, puede hacerse mientras nos empeñamos en nuestras tareas.