La Cristianización de América
Autor: Alejo Fernández Pérez
Entre las muchas cosas de las que puede enorgullecerse la Iglesia Católica, una de ellas es “La Cristianización de América”. En este breve artículo nos limitaremos a resumir y comentar el espléndido capítulo, con el nombre anterior, del filósofo Julián Marías en su libro “Sobre el Cristianismo”. Nos dice este que:
“El proyecto original de España al emprender el descubrimiento y exploración del Nuevo Mundo fue la cristianización de los pueblos desconocidos…Que este proyecto era sincero y verdadero lo atestigua el hecho incontrovertible de la evangelización de la mayor comunidad católica del mundo: la América Hispánica o Ibérica. Ninguno de los países colonizados por europeos, con población aborigen, es cristiano; hay en ellos comunidades cristianas, pero no lo son los países como tales, excepto Filipinas, igualmente hispanizada.
La acción de los sacerdotes españoles fue intensa y fecunda, extendiéndose a parte del actual territorio de los EE.UU. Representaron el elemento intelectual, estudiaron y aprendieron multitud de lenguas indígenas, tradujeron libros para la evangelización, investigaron las condiciones de vida de aquellos pueblos, sus costumbres; la flora y la fauna, fueron decisivos en la fundación de centros de estudios, incluso de las muy tempranas universidades , mucho más antiguas que las del Norte de América.
Es evidente la función de la Iglesia en limitar las violencia, los abusos, los intentos de explotación; igualmente la preocupación religiosa, moral y jurídica para precisar los derechos de España en aquellos territorios.
La empresa de América no fue realizada por los eclesiásticos, sino por grupos de españoles seglares, bajo el patrocinio de los reyes en una serie de proezas de increíble dificultad, heroísmo y sacrificios, con riesgo y pérdida efectiva de innumerables vida, y con el cristianismo siempre presente. Pecadores , por supuesto, culpables algunos de violencias, crueldades y delitos, pero no mayores que los de los indios contra los españoles y aun más entre ellos mismos, ni tampoco mas que en las luchas de europeos cristianos de todos los países, unos contra otros. Si se compara esta violencia con la que existía a finales del siglo XV y en el XVI en Inglaterra, Alemania, Francia, Italia,…resulta extrañamente reducida.
La diferencia principal es que se protestó contra la española- en gran parte por los mismos españoles- mientras que se ha pasado casi siempre por alto la de los demás países. Además hay que tener en cuenta que esas violencias se refieren a los primeros decenios del siglo XVI y a espacios muy reducidos, y muchas eran exageradas o enteramente irresponsables, como las del padre Las Casas con el cual no parece prudente ni acertado solidarizarse ni presentarlo como modelo.
Durante los tres siglos de la época virreinal lo que sorprende es la paz dominante, turbada por ínfimas excepciones localizadas y de breve duración en un inmenso territorio. No se olvide que nunca hubo ejércitos españoles en América, sino pequeñísimos grupos de conquistadores, compuestos por unos cuantos centenares de hombres, de iniciativa privada, auque en nombre de la Corona; y que tampoco hubo guarniciones españolas en América, sino milicias locales y muy reducidas hasta entrado el siglo XIX
Lo característico de la españolización fue un injerto español en las sociedades preexistentes, y no un trasplante de las sociedades europeas a territorio americano, norma habitual en otros países. El resultado más real y representativo fue el mestizaje, nacido de la conciencia cristiana de ser todos hermanos por ser hijos de Dios. Los territorios se organizaron en “países” regidos por Virreyes . Nunca fueron colonias, término utilizado después de la independencia por imitación de las colonias francesas o inglesas en Afrecha o Asia.
La Iglesia ejerció una influencia enorme en la educación sobre todo en los estudios superiores desde Santo Domingo y las universidades de México y San Marcos de Lima (1551) , frente a Harvard, 1636 y Yale, 1701. Cosa que asombra a muchos historiadores y estudiosos de actualidad que los hace revisar muchos de los tópicos y falsedades sobre los conquistadores españoles en América. La verdad ha de ser aceptada. Pero lo inaceptables es ocultar lo positivo y abultar lo negativo, invirtiendo la proporción entre ambos. Nuestra obligación es la de presentar un cuadro veraz de lo que ha sido la cristianización más amplia, rápida y fecunda de toda la historia. Afortunadamente en esta tarea se han embarcado numerosos historiadores e hispanistas de diferentes nacionalidades con resultados sorprendentes.
Otra de las características españolas fue su carácter constructor, solo comparable a Roma. Recordemos el esplendor de muchas ciudades tales como Santo Domingo, México, Puebla, Cholula, Oaxaca, La Habana, Cartagena, Quito, Lima Cuzco, Arequipa, Buenos Aires y centenares más, llenas de templos, catedrales y palacios incomparables con las modestas ciudades del norte, de muy escaso desarrollo urbanístico y artístico. Nó, no fue igual la visión y conducta de los españoles sobre la conquista y colonización de América que la de los países anglosajones.
En la América española y portuguesa quedaron muchos millones de indios, a pesar de todas las violencias que se nos achacan. ¿Cuántos quedaron en América del Norte? Sin duda no fueron tan malos los españoles ni tan buenos los anglosajones y franceses. Cuestión de propaganda.
¿Cómo hubiese sido la gesta española en América sin la presencia y actividad de la Iglesia Católica, del cristianismo? La grandeza de la Iglesia y de los países se mide fácilmente por sus hechos. ¿Cuántos hechos existen como la conquista y civilización de la América Hispana en la historia universal?